Tanto arte, tanto ego
Expresión del yo centrado
Caníbal de la estética historiada
Arte y ente amarrados.
En una entrevista que le hicieron a Keith Harring poco antes de morir, mientras terminaba su última obra - el crucifijo en la iglesia Saint John the Divine, Calle 110 y Avenida Ámsterdam, Manhattan -dijo que cuando estaba involucrado en la pieza no sentía ningún mal ni se sentía cansado, pero que cuando dejaba de hacer, se sentía enfermo.
Aunque no pretendo explicar la relación que existe entre crear una pieza, incluyendo los momentos antes de ejecutarla, y la "salud" del "artista", me atrevo preguntar hasta dónde la falta de integración entre proceso creador y proceso vital resulta en un estado físico distinto a cuando esta integración (crear/vida) se da. Sólo pregunto.
Wednesday, October 10, 2012
Tuesday, October 9, 2012
La Lesbiana y el Perpetuo Socorro de la Colonia
"Tú eres bien Perpetuo” dijo la sin maquillar, calzada con las muy orgánicas birkenstocks, que procedía del país colonizador, los USA, supuestamente izquierdosa, feminista, lesbiana, new age, bordeline hippie. Le hablaba a un gay lesbófilo, procedente de la colonia Extraña combinación aquella, juntos, colonizador y colonizado. Ni que hubiesen sido personajes calcados de las novelas de Alexander Durrell, The Alenxadria Quartet.
No se refirió al Perpetuo porque el aludido fuese perenne. Lo dijo porque el bien Perpetuo había estudiado en la muy exclusiva escuela privada que llevaba la palabra Perpetuo como parte de su nombre; y aunque hay otras escuelas perpetuadas en las islas de los encantos, solo una es Perpetuo. No dijo Colegio o Academia del Perpetuo Algo. Dijo: "Perpetuo". Ella estaba bien clara de lo que ese nombre y forma de decirlo significaba.
A su lado, el muy humilde graduado de escuela pública tragó gordo. Una vez más el estatus social y el estatus político conjugaban la vida de la colonia.
El homo fuera del armario, "bien Perpetuo", sonrió levemente, o medio avergonzado, o lleno de orgullo. No trató de resolver el conflicto o contradicción presentada por la lesbiana, feminista, new age, izquierdosa, quien en su Perpetuo, no reconoce lo que significa la colonización nacional, racial, de clases, y los vínculos que este proceso colonizador tiene con las instituciones y grupos que se encargan de mantener el "status quo", incluyendo a los estadounidenses que residen en las islas de los encantos. Todos ellos, ajenos en su papel como colonizadores, explícitos o implícitos, abiertamente o tras bastidores, inconscientes o sin miramientos. Esta lesbiana no se daba cuenta de lo que decía, ni quién ella era dentro del borujo que le da forma al proceso colonizador.
El feminismo y el estar fuera del clóset de la lesbiana, al igual que la identidad izquierdosa de su Perpetuo parecen ser elementos decorativos. Ambos conocen todos los hechos vinculados a la colonia pero no saben, o quieren, o pueden construir un relato coherente sobre esas imposiciones. Perpetuán el "status quo" mientras se identifican con procesos liberadores.
Si mal no me equivoco, ambos leyeron los textos escritos por Pablo Freire. Contradicción, pura y perpetua.
No creo que hayan leído a Durrell, o visto sus semejantes en Alejandría, los perpetuos que en aquella antigua colonia vivían durante la ocupación inglesa.
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"Tú eres bien Perpetuo”, dijo la sin maquillar, vestida con las birkenstocks, que procedía del país colonizador, supuestamente izquierdosa, feminista, lesbiana, new age, bordeline hippie. Le hablaba a un gay lesbófilo, procedente de la colonia Extraña combinación aquella, juntos, colonizador y colonizado.
No se refirió al Perpetuo porque el aludido fuese perenne. Lo dijo porque el bien Perpetuo había estudiado en la muy exclusiva escuela privada que llevaba la palabra Perpetuo como parte de su nombre; y aunque hay otras escuelas perpetuadas en las islas de los encantos, solo una es Perpetuo. No dijo Colegio o Academia del Perpetuo Algo. Dijo: "Perpetuo". Ella estaba bien clara de lo que ese nombre y forma de decirlo significaba.
A su lado, el muy humilde graduado de escuela pública tragó gordo. Una vez más el estatus social y el estatus político conjugaban la vida de la colonia.
El homo fuera del armario, "bien Perpetuo", sonrió levemente, o medio avergonzado, o lleno de orgullo. No trató de resolver el conflicto o contradicción presentada por la lesbiana, feminista, new age, izquierdosa, quien en su Perpetuo, no reconoce lo que significa la colonización nacional, racial, de clases, y los vínculos que este proceso colonizador tiene con las instituciones y grupos que se encargan de mantener el "status quo", incluyendo a los estadounidenses que residen en las islas de los encantos. Todos ellos, ajenos en su papel como colonizadores, explícitos o implícitos, abiertamente o tras bastidores, inconscientes o sin miramientos. Esta lesbiana no se daba cuenta de lo que decía, ni quién ella era dentro del borujo que le da forma al proceso colonizador.
El feminismo y el estar fuera del clóset de la lesbiana, al igual que la identidad izquierdosa de su Perpetuo parecen ser elementos decorativos. Ambos conocen todos los hechos vinculados a la colonia pero no saben, o quieren, o pueden construir un relato coherente sobre esas imposiciones. Perpetuán el "status quo" mientras se identifican con procesos liberadores.
Si mal no me equivoco, ambos leyeron los textos escritos por Pablo Freire. Contradicción, pura y perpetua.
No creo que hayan leído a Durrell, o visto sus semejantes en Alejandría, los perpetuos que en aquella antigua colonia vivían durante la ocupación inglesa.
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"Tú eres bien Perpetuo”, dijo la sin maquillar, vestida con las birkenstocks, que procedía del país colonizador, supuestamente izquierdosa, feminista, lesbiana, new age, bordeline hippie. Le hablaba a un gay lesbófilo, procedente de la colonia Extraña combinación aquella, juntos, colonizador y colonizado.
No se refirió
al Perpetuo porque el aludido fuese perenne. Lo dijo porque el bien Perpetuo había
estudiado en la muy exclusiva escuela privada que llevaba la palabra Perpetuo como parte de su nombre; y aunque hay
otras escuelas perpetuadas en las islas
de los encantos, solo una es Perpetuo. No dijo Colegio o Academia del Perpetuo Algo.
Dijo, Perpetuo.
El homo fuera del armario, "bien Perpetuo",
sonrió levemente, o medio avergonzado o lleno de orgullo. No trató de resolver
el conflicto o contradicción presentada por la lesbiana, feminista, new age,
izquierdosa, quien en su Perpetuo, no reconoce lo que significa la colonización
nacional, racial, de clases, y los vínculos que este proceso colonizador tiene con
las instituciones y grupos que se encargan de mantener el "status quo".
El feminismo y
el estar fuera del closet de la lesbiana, al igual que la identidad izquierdosa
de su Perpetuo parecen ser elementos decorativos. Ambos conocen todos los hechos
vinculados a la colonia pero no saben, o quieren, o pueden construir un relato
coherente sobre esas imposiciones. Perpetuán el "status quo" mientras se identifican
con procesos liberadores.
Si mal no recuerdo, ambos leyeron los textos escritos por Pablo Freire. Contradicción, pura y perpetua.
Si mal no recuerdo, ambos leyeron los textos escritos por Pablo Freire. Contradicción, pura y perpetua.
Sunday, October 7, 2012
Octubre en Quebec
El relato me centró una vez más. ¿Cuántas veces lo he leído durante esta temporada?
Recuerdo los pasos en camino al bosque, los repito, sonrío. En octubre las hojas tienden a ser mucho más anaranjadas y amarillas. Hoy se ven menos brillantes. Octubre trae mucho más que el otoño.
La memoria tiene etapas; el placer del recuerdo aumenta con el tiempo, las estaciones, la edad lo nubla.
¿De qué hablo? En octubre siempre me llega la nostalgia. ¿Por qué hablo de ecología y colores, cuando sólo los estados de ánimo me interesan?
Las ideas se intercalan y forman telarañas lingüísticas me dijo el, valga la redundancia, el lingüista.
De ti y de mí hablo, de nuestros estados de ánimo. Me repito. ¿Por qué me repito todo el tiempo? La edad nos lleva a repetirnos, a reafirmar nuestra memoria, a recalcar nuestra existencia.
Los pasos se van haciendo lentos, muy lentos.
En octubre camino hacia el bosque que queda al norte de la casa, del pueblo, la provincia, el país, el continente. Quebec es lo más norte del norte. Al sur de la casa están las fincas de maíz, Montreal, Nueva York, Santurce, la barbarie. Mis pasos los sigue el camino que voy dejando.
La ventana de la habitación en el ático y mis pasos miran hacia el norte, hacia el bosque. Las huellas en las hojas secas, trituradas. Pinos y matorrales me reciben, luces entrecortadas por las ramas y colores me alumbran el camino.
No hay osos en este bosque. No hay lobos en este bosque. Ruidos de hojas, al caer, responden. Oigo ecos.
El bosque me llama por las tardes, todas las tardes de octubre. Me aleja de los vaivenes y palabras quebequenses de mi familia adoptiva. Ellos me adoptaron a mí y yo a ellos. Me ven caminar hacia el bosque y les cambia el semblante, les da miedo. Las pasiones de familia, de niños asertivos, de padres directos y amorosos, gritones a veces, a veces susurran, son reemplazadas por el silencio. El bosque me arropa, me devuelve al útero para comenzar de nuevo. El bosque me cuida,
- Be careful, Yerardo - me gritan.
Qué difícil se le hace a los franceses y quebequenses pronunciar ese fonema. Mi nombre es Gerardo, les contesto. Repito el ge tres o cuatro veces. Sonríen. Me contestan en francés.
Para los quebequenses, al igual que todas las culturas que viven en dos lenguas, el cambio de una a otra nunca es completamente puro; esto es, de haber pureza en los idiomas. Tampoco hay pureza en el bosque, las familias, el individuo.
- Be careful, Yerardo
Con la mía en Quebec, mis impurezas no son motivo de miedo. Jugar con sus hijos, llevarlos a comer no los lleva a verme como un depredador. Cuan distinto a algunos miembros de mi familia biológica. Tan bíblicos y tan poco cristianos.
La luz de octubre es tenue, pálidos los colores, alumbra el camino, lo baña con rosados y celestes; se filtra a través de las ramas, unas frondosas y otras anunciando su otoño, mi otoño. El terreno mojado y el aire con sus canicas de vapor flotante me envuelven, integran. Camino lentamente hacia un claro, allí descanso, y regreso.
- Be careful, Yerardo. Sonríen.
Recuerdo los pasos en camino al bosque, los repito, sonrío. En octubre las hojas tienden a ser mucho más anaranjadas y amarillas. Hoy se ven menos brillantes. Octubre trae mucho más que el otoño.
La memoria tiene etapas; el placer del recuerdo aumenta con el tiempo, las estaciones, la edad lo nubla.
¿De qué hablo? En octubre siempre me llega la nostalgia. ¿Por qué hablo de ecología y colores, cuando sólo los estados de ánimo me interesan?
Las ideas se intercalan y forman telarañas lingüísticas me dijo el, valga la redundancia, el lingüista.
De ti y de mí hablo, de nuestros estados de ánimo. Me repito. ¿Por qué me repito todo el tiempo? La edad nos lleva a repetirnos, a reafirmar nuestra memoria, a recalcar nuestra existencia.
Los pasos se van haciendo lentos, muy lentos.
En octubre camino hacia el bosque que queda al norte de la casa, del pueblo, la provincia, el país, el continente. Quebec es lo más norte del norte. Al sur de la casa están las fincas de maíz, Montreal, Nueva York, Santurce, la barbarie. Mis pasos los sigue el camino que voy dejando.
La ventana de la habitación en el ático y mis pasos miran hacia el norte, hacia el bosque. Las huellas en las hojas secas, trituradas. Pinos y matorrales me reciben, luces entrecortadas por las ramas y colores me alumbran el camino.
No hay osos en este bosque. No hay lobos en este bosque. Ruidos de hojas, al caer, responden. Oigo ecos.
El bosque me llama por las tardes, todas las tardes de octubre. Me aleja de los vaivenes y palabras quebequenses de mi familia adoptiva. Ellos me adoptaron a mí y yo a ellos. Me ven caminar hacia el bosque y les cambia el semblante, les da miedo. Las pasiones de familia, de niños asertivos, de padres directos y amorosos, gritones a veces, a veces susurran, son reemplazadas por el silencio. El bosque me arropa, me devuelve al útero para comenzar de nuevo. El bosque me cuida,
- Be careful, Yerardo - me gritan.
Qué difícil se le hace a los franceses y quebequenses pronunciar ese fonema. Mi nombre es Gerardo, les contesto. Repito el ge tres o cuatro veces. Sonríen. Me contestan en francés.
Para los quebequenses, al igual que todas las culturas que viven en dos lenguas, el cambio de una a otra nunca es completamente puro; esto es, de haber pureza en los idiomas. Tampoco hay pureza en el bosque, las familias, el individuo.
- Be careful, Yerardo
Con la mía en Quebec, mis impurezas no son motivo de miedo. Jugar con sus hijos, llevarlos a comer no los lleva a verme como un depredador. Cuan distinto a algunos miembros de mi familia biológica. Tan bíblicos y tan poco cristianos.
La luz de octubre es tenue, pálidos los colores, alumbra el camino, lo baña con rosados y celestes; se filtra a través de las ramas, unas frondosas y otras anunciando su otoño, mi otoño. El terreno mojado y el aire con sus canicas de vapor flotante me envuelven, integran. Camino lentamente hacia un claro, allí descanso, y regreso.
- Be careful, Yerardo. Sonríen.
Palabras ajenas
Me dejaste
solo, rodeado de palabras. Callan mi voz. Ellas, solo ellas hablan. Recuerdan nuestra
primera cama, nuestro primer cine. En Santa María me juraste amor eterno. Te
creí. Junto a otros te creí. De recuerdo, las palabras siguen molestas por estar
sin ti. Conmigo, ellas hablan, se quejan; silencian las mías.
(De mi colección, Poemas de Angustia
Relajada:
http://memoriasdeungaysesenton.blogspot.com/2012/09/poemas-de-angustia-relajada.htmlSaturday, October 6, 2012
Canetti, IKEA, Walhor, Radiotransistor y Yo
Me sentí como IKEA cuando vi por primera vez mi producto literario en las páginas de Amazon, y Barnes and Noble*. Mi novela y Yo (primera persona en mayúscula) juntos, en venta por el ciberespacio.
Me pude haber sentido como West Elm o Crate and Barrel, tiendas algo más elegantes y con buenas ofertas; de mejor calidad, quizás. Pero no; me sentí igualito a los desechables muebles. Armada y desarmada como los muebles de IKEA, mi novela y Yo podemos ser leídos y desmantelados.
¿Será
coincidencia el que Andy Walhor llegue al MET cuando Yo (aquí repito lo de primera
persona en mayúscula para evitar la cacofonía del ‘yo llego’) llego a Amazon?
No, no es coincidencia nos dice Canetti en La
antorcha al oído.
Canetti no
habla de mí. El rumano escribió sobre la conciencia colectiva, o algo así por
el estilo, y sus vivencias personales. No escribe sobre IKEA, Walhor o el Yo
centrado. Canetti nos sugiere a IKEA , Walhor y su pop, y mi sensación al verme en el comercio
internauta del ciberespacio.
Mi novelas
es popiana, con su lenguaje vox populi y los medios como protagonistas, me
escribió uno de mis amigos/lectores/abogado/escritor al comentarle sobre las
sensaciones al ver el yo/novela en el mundo del cibercomercio.
Al aparecer
juntos los cuatro - artefactos/sujetos/otredades/ propaganda en la sugerida
nube cibernética, la supuesta coincidencia nos hacen parte de lo mismo. ¡Ok! Basta del Yo centrado, al menos me sirvió
de motivo para hablar de mí. ¡Y ya!
*La fecha
de la edición que aparece en el ciberespacio es distinta a la que repartí entre amigos y conocidos. La primera aparece
publicada en el 20011; y la última, que todavía no he visto, en julio
2012.
http://www.barnesandnoble.com/w/radiotransistor-gerardo-torres/1108313611
Friday, October 5, 2012
PENDEJOS (de Poemas de la Ralea)
Pendejos
¿De qué hablas?, pendejo
Es tu verbo floripondeado
O tu enrizada cara barroca
Negra de ira, llena de brillo
La que no entra junto al destino
¿Por qué criticas?, pendejo
La entrada libre sin límites
Todo el que sabe entra
En el complicado túnel
De una avejentada chocha.
Luisa Fernanda con Alcapurrias
“No se tome
la vida muy en serio porque nunca va a salir
vivo de ella”. Yeyita la de la Quince
La voz ’esgalillá ‘ que oía mientras más me acercaba al mercado no era la de
Lizza Fernanda, el álter ego de un respetado profesor y crítico de literatura de
la UPR, un artista del travestismo. Era la voz de una soprano, interpretando a
la Luisa Fernanda.Zarzuelas no es lo que usualmente se espera oír en los cafetines que se encuentran en los alrededores del emblemático mercado. Por la Placita se oyen combos tocando salsa, boleros en velloneras, congueros invocando a los santos. Aquella tarde de domingo, puros tenores, barítonos y sopranos deleitaban a la muy sorprendida audiencia. Y típico de los puertorriqueños, si le pones música, la que sea, la disfrutan. Sin encomendarse a nadie, así mismo fue, con sus palitos de ron, sus cervecitas, whiskys con agua de coco, allí aplaudían a las voces de los jóvenes estudiantes de música y gritaban bravos como el más ducho en el mundo del haute kultur. De rigor, que no podían faltar la frituras boricuas, con la reina de las mismas: las alcapurrias.
De la misma manera que habitan los aparentes mundos contrapuestos del reconocido profesor y artista del travestismo - una vida de erudición universitaria y de lucha frente al arte teatral en el que existe su Lizza Fernanda, durante esa hermosa y fresca tarde puertorriqueña lo hacían los mundos de las alcapurrias y Luisa Fernanda; el mundo del cafetín placero cohabitaba con el de las operetas españolas. Para los muy enredados intelectuales que hoy escriben con cierto tono de desprecio hacia las clases populares (¡Y la de verborrea pos-modernista escrita por rebuscados egos con ínfulas de izquierdosos que sufren de lo mismo que critican.....!) o para
los estetas con egos tan inflados que caminan sobre nubes, esa tarde de hermosas arias, friitas (cervezas en la jerga del cafetín) y frituras, fue testigo de que se puede lograr ese balance entre haute kultur y vox populi.
Al ser este un blog que incluye y arropa las sensibilidades del homo/zas (este zas se refiere al “snap, snap” de los dedos que tanto le gusta a algunos gays gesticular cuando quieren afianzar un punto), es de notar la cantidad de numerosas parejas de hombres gays que por la Placita se encontraban; que no se puede negar, quedaron leídos por los códigos que usan los miembros de esa sub-cultura para identificarse unos a otros. Con sello y todo, unos cuantos se andaban calando mutuamente. Fascinante mezcla: gays “desarmariados”, fuera del armario/clóset, estetas, obreros, zarzuelas y alcapurrias.
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