Monday, November 26, 2012

Sobre Amazon y mi novela Radiotransistor

Hola Gerardo,

Quiero informarte que compré tu libro Radio Transistor en Amazon, pero cuando lo recibí, me sorprendió ver que, aunque la portada y contraportada corresponden a tu libro, el texto que está adentro es uno titulado Una Educación Sexual de un autor español, Juan Abreu. Debes notificárselo a la editorial Terranova y a Amazon para que atiendan el asunto.

Cuídate.

Josean

Monday, November 12, 2012

Amores cibernéticos

Ciberlove1: ¡Qué rico saber de ti!. ¿Vienes?
Ciberlove2: Sí. Te escribiré un mail cuando de pronto aparezca
Ciberlove1: Pues si estoy por aqui, y te apetece, y puedes, nos vemos
Ciberlove2: Ok, besos.

El purismo léxico

"El purismo léxico remite por lo común al estancamiento de las ideas. Digamos que un purista es un racista en versión lexicológica. Aquel tan aireado manifiesto de Neruda, abogando por una poesía “impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilias, profecías, declaraciones de amor y de odio...” José Manuel Caballero Bonal

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/11/actualidad/1352656848_784959.html

Friday, November 9, 2012

Miss Mira Mira y la estaca de la estética del camp

Falta en el planteamiento de Barradas, E. (http://www.80grados.net/entre-el-viena-y-butterflies-para-una-estetica-camp-latinoamericana/)  sobre la estética de lo camp y las dragas/travestis una reflexión que trascienda lo étnico/nacional y que observe el desarrollo de la representación, la iconografía que los travestis formulan en un momento dado. Mientras en México se dedicaban a imitar o recrear clásicos de la fabulosidad mexicana o estadounidense, personajes/mujeres que de por si eran iconos dentro de sus propios medios y entornos, en la ciudad de NY, por la década de los setenta, una boricua creaba una figura que criticaba la cultura misma; incluyendo el dragueo/travestismo como tal. Miss Mira Mira comienza un fenómeno que servía/sirve de crítica a las dragas que usaban iconos femeninos como referentes, y a la vez ironizaba sobre su propia etnia. Este fenómeno se extendió  hacia otros transformistas -  el término que se usaba antes del Stonewall, y de ahí surgen la Rue Paul, en referencia a una calle de Nueva Orleans; Miss Gracie Mansion, la casa del alcalde en NY; Miss Pan Am, línea aérea; Miss Alice Tully Hall, el anfiteatro en el Lincoln Center; y no se puede olvidar a la Rollerina, vestida como hada madrina, varita mágica en mano, lentes de bibliotecaria, patinando por todo el Village. Cambiar el referente, de mujer gringa a mujer mexicana, no transforma la estética, solamente reemplaza el referente.
(Véase  http://memoriasdeungaysesenton.blogspot.com/2011/03/cronicas-de-la-marica-perez-de-inwood.html)

Monday, November 5, 2012

El Club de los Teen Agers: 1957-60


Con la llegada de la televisión entró a mi vida el programa que transformó las expectativas generacionales, mi gusto por la música, y mi ser:“El Club de los Teenagers”. Comenzó una nueva conceptualización del yo, con sus implicaciones de conductas, cómo me vestía y en qué actividades participaba. Mientras mis hermanos mayores aprendieron sus papeles (comportarse, vestirse) en la plaza los domingos, después de la misa nocturna o antes de la tanda del cine; yo los aprendí con Alfred D. Herger y su programa de música y baile, específicamente dirigido a los jóvenes entre las edades de trece y dieciocho años: El Club de los Teen Agers. Con su canción favorita, cantada por la ya mítica Lucecita, "Soy rebelde por mi forma de....", re-estructuró la conceptualización, crianza y coordenadas ambientales que determinaban las ideas en torno a la crianza de esa nueve sub-especie.*

 De pronto, empezaron a llamarnos teenagers y no muchachos o mozos, los términos que se usaban con las generaciones de jóvenes en las épocas que nos precedieron; nos convertimos en chicos “ye ye”. Allí, en aquel pueblo caluroso, árido, donde Palés sentenció, que hasta las piedras cogían fuego, el mundo de las generaciones, y las expectativas que se tenían en cuanto a su crianza, se transformaba. Aquel comportamiento de adulto en ciernes, esperado de los mozos, no cumplía con los mores, escalas de valores que surgieron después de aparecer ese nueva conceptualización de las edades del hombre: el adolescente. Toda una generación de padres fue tomada por sorpresa: "Ya su hijo está hecho un mozo, un hombrecito" fue reemplazado por un, "déjelo, lo que pasa es que todavía el es un tineyer".

Los teen-agers cambiaron el comercio o el comercio los cambió a ellos: ropa para adolescentes, al estilo de Troy Donahue y Sandra Dee. Cuántos jóvenes no se pasearon por la plaza del pueblo, a la usanza de cualquier high school americana, recreada por Hollywood: un pullover sin mangas, recorte “flat top”, kakis y zapatos “penny loafers. El calor no importaba, y en los meses de frio la temperatura bajaba a los 70 grados farengeheit, puro invierno del Caribe, razón para sacar los jackets e imitar a los chicos del norte. El comercio diversificó su mercancía para atender a esa nueva categoría homo sapiens, y sus gustos incluían las tocadiscos. Lo que por décadas habían sido aquellos enormes objetos en las salas ya no satisfacían a los teen-agers. Llegaron las portátiles.

Ahora se podía bailar a todas horas y en todos sitios sin tener que esperar a los bautizos, fiestas navideñas, bodas y cumpleaños. Y máxime cuando las portátiles llegaron acompañadas por las marquesinas en las casas, nadie quería tener un encerrado garaje donde escondían el carro. Las marquesinas servían para exhibir los últimos modelos, acabaditos de llegar de Detroit, y para organizar las fiestas de improviso: baile, rock and roll, bul (bebida donde se mezclaba de todo y se le añadían frutas enlatadas (frutas del norte, nada tropicales, excepto las naranjas) y sanduichitos rellenos de es "mejor ni acordarse", aquel embarre de sabores hechos a base de químicos que reemplazaban los entremeses criollos. A ningún teen-ager se le iba a ocurrir el servir morcillas y guineítos verdes.

Hacia esa misma época me regalaron mi primer tocadiscos. Una portátil que andaba conmigo cual mochila contemporánea, esas que todo el mundo carga en estos momentos. La alegría, sentimiento que todavía me causa miedo, "muchacho, no te rías tanto, que te puede pasar algo", me abrumó de tal manera que caminé a pasos largos por todo el pueblo con el pecho infladoo, contándole a todo el que conocía, que me habían regalado un tocadiscos. Y desde aquel momento, acompañado por mi portátil, tocábamos la música en las fiestas del Happy Friends Club, formado por teenagers solamente. Nada de adultos en aquel club. Y a poner en práctica los pasos de baile que aprendíamos en el Club de los Teen-Agers. Gracias a Alfred d. Herger, el maestro de ceremonias del histórico programa de la televisión puertorriqueña, bailábamos twist, rock and roll, baladas, cha cha, pachanga o el ritmo que estuviese de moda.

También bailaba solo, en mis sueños; enamorado a lo adivino. Soñaba despierto con mis amores: en mi habitación antes de quedarme dormido, en mis caminatas a la escuela, la plaza, el mercado. Bailaba frente a todo el mundo, mirándonos, llenando de envidia a quienes nos viera bailar. En las marquesinas y salas bailaba con mi mejor amiga, Guelin, como una hermana, vecina y compañera de clases, aquellos nuevos ritmos: “Ponte la falda plisa’ y la blusa colora’”, cantaba algún grupo de aquella época, y nos cantaba a nosotros, los nuevos miembros de una nueva sub-especie. Como buen puertorriqueño,siempre he bailado, excepto que en aquel entonces bailaba como teen-ager.

*(Para un estudio detallado sobre las edades y las generaciones, véase los libros de Phillipe Aries. Si el mozo era la primera etapa de la vida de adulto - se esperaba un comportamiento de adulto y es por eso que se vestían y comportaban como adultos, el adolescente/teen ager es un niño grande y se crea una cultura y comercio en torno a ese niño grande. Al reconceptualizarse las edades del hombre/mujer, se transforman las expectativas y se reformula lo que se les permite o no hacer; y para la sociedad, que en muchos casos no está preparada para este cambio radical en la cultura, las consecuencias pueden ser desestabilizadoras. Este mismo fenómeno se aplica a los cambios que hoy trae la búsqueda de los derechos por parte de los homosexuales.)

Saturday, November 3, 2012

Las dos Titas


Las dos Titas (una conversación entre dos “amigos” gays sobre la obra de uno de ellos)

Tita 1 – ¿Viste lo que escribió la alemana sobre mi pieza?
Tita 2 – Ella te quiere mucho.

Tita 1 - ¿De verdad? No me había dando cuenta. Aunque habló de mi pieza, no de .

Tita 2 – Se nota que te quiere.

Tita 1 - No te delates tan fácilmente

Tita 2 - ¿Me sirves más vino? Siempre tienes buen vino.


Thursday, November 1, 2012

Letter from the view of the 125th Street Station


Ok! A sophisticated, cultured, elegant man of the world should not be missing the subway, but I did. It is a rather corny sensation to miss the NYC subway with its sounds, rats on the tracks and all kind of characters riding it, expressing behaviors and attitudes that a man of my class should not face, but I did. It was/is my waking up sound as it leaves the tunnel and stops at the Morningside Heights/Harlem station that faces the Hudson. Yes, the Hudson River. If you live and love NYC you know the river as just the Hudson; and if you live in the City, as Manhattan is known by the people in the other boroughs, you would call the people who live across as “the bridge and tunnel crowd”, as well as naming some women who live across its bay as “Flatbush beauties”. And yes, I am glad the subway is back giving life to NYC, waking me up, proving multiculturalism is a wonderful way of life - contrary to all the fundamentalists of all kinds arguing against it and even killing people to prove their point. And I can see it from my window, though I rarely ride it nowadays since my life around the Heights in Harlem is exciting enough to just be pleased with the view and sounds of the NYC subway as it enters and leaves the station facing the mythic river, the bridge and tunnel crowd, and, well, good old New York. Yes, the subway is back.