Doce de la noche y no llega, "me hará lo mismo que ayer/ espera...", otro bolero, otra espera por un amante, una idea sobre lo qué podría pasar, lo que estaba ocurriendo, lo que se puede contar, lo que se desea, "Cariño mío, no sufras tanto, ya estoy aquí" había sido dicho antes. Se repetía.
Un bolero nunca acaba, unas sirenas de ambulancias en camino a Punta, un grito de dolor o de placer, una sonrisa, una lágrima se entretejen mientras el autor, los boleristas y sus protagonistas junto a la Tellado reconstruyen lo deseado, sus pasados o lo que puede ser, reflejados en un caledeiscopio que proyecta estados de puro éxtasis o desasosiego, "Ya no la quiero ni ver",
Un bolero pone en perspectiva los sentimientos, provee compañía, sirve de espejo, reconstruye el andamio de lo deseado, lo desmantela, y permite recorrer el camino de quienes ocupan múltiples espacios, el suyo y el de los otros, aguardando por una resolución, un desenlace, una idea sobre el amor, cómo expresarlo.
En el bolero "Ya Son las Doce", el compositor, autor, cantante y el amante ausente bailan en conjunto, y a la misma vez cada uno baila por su lado. Desde las primeras dos estrofas, "Ya son las doce y no llega/ Me hará lo mismo que ayer", la espera por el ser amado, la historia de la relación entre todos los personajes, particularmente la desesperación del que espera es relatada; y a su vez, le otorga presencia al objeto del deseo, por quién se espera, lo personifica.
Es la conjugación de voces lo que convierte al autor, el cantante, los amantes en arquitectos de un Gestalt amoroso, y una vez completado el bolero, éste permite volver cual tango con la frente marchita sobre el pasado, fragmentar lo vivido, entenderlo, trascender el dolor o el placer.
El bolero en su conjunto se habla a sí mismo, recrea lo posible, "pero de pronto siento un ruido y me despierto/ se abre la puerta y llega mi querer", y arma todo lo que quisiera vivir más allá de la novela tellediana: "no sufras tanto ya estoy aquí", transformándose en las múltiples voces que ocupan una historia, "no me regañes cierra los ojos y duerme feliz".
Sunday, September 4, 2016
CUANDO FUI SU GER
Creí que fui su Ger y él mi musa
o muso (por si el género lo lleva la letra).
o muso (por si el género lo lleva la letra).
Cuando me dijo que dejé de serlo
dolió más que.... ¡Qué importa!
dolió más que.... ¡Qué importa!
JUNTO AL POLÍTICO FASCISTA
no quise ver quién eras, cómo pensabas
no mentiste, decías por quién votabas
lo mismo en Montevideo, Nueva York o
en la Alemania nazi.
Igualito al líder de discurso torcido
el que tanto adulabas, diestro
en cómo controlar sensaciones
luego, como el señor de podio
y falso compromiso
te apoderaste de la masa sin cerebro
deseosa de ser acurrucada.
Fui yo el que engañaba al juicio
no me fijaba en los trucos verbales
traicioné principios, satisfice el ego
para creerme amado
junto al político de podio y falso compromiso.
Junto a tu político fascista logré conocerme
era muy tarde:
Hitler castró y mató a miles y miles de homosexuales
vestidos con uniformes nazis, después de hacerle creer
que los quería y que por ser arios
eran sus iguales.
no mentiste, decías por quién votabas
lo mismo en Montevideo, Nueva York o
en la Alemania nazi.
Igualito al líder de discurso torcido
el que tanto adulabas, diestro
en cómo controlar sensaciones
luego, como el señor de podio
y falso compromiso
te apoderaste de la masa sin cerebro
deseosa de ser acurrucada.
Fui yo el que engañaba al juicio
no me fijaba en los trucos verbales
traicioné principios, satisfice el ego
para creerme amado
junto al político de podio y falso compromiso.
Junto a tu político fascista logré conocerme
era muy tarde:
Hitler castró y mató a miles y miles de homosexuales
vestidos con uniformes nazis, después de hacerle creer
que los quería y que por ser arios
eran sus iguales.
TRES CRUCES
No es el barrio de Montevideo, es la canción con un nombre parecido al de esa zona. La versión interpretada en tiempo de tango, escuchada en la habitación de un hotel localizado cerca de la terminal de autobuses conocida como Tres Cruces, evoca, cual tango arrabalero, la sensación de sacrificio cristiano, matizado por una moral oportunista, que un gay con buenos modales y estrategias de diplomático resbaladizo e inescrupuloso gusta de proyectar. Mucho estilo en su ritmo canta su letra venenosa. Tango y moral forman una tercera cruz.
Saturday, September 3, 2016
AMOR NO ES LITERATURA SI NO SE PUEDE ESCRIBIR EN LA PIEL
Por más que el escritor o pintor o músico trate de separar su yo o ego o líbido o espíritu de lo que escribe o pinta o compone, no lo puede esconder por completo. Que la obra valga o no tenga mucho mérito como obra de arte no excluye al autor de la misma. Es su obra. O a flor de piel o escondida en sus células, la historia personal y/o comunal es la narrativa que marca para siempre.
Friday, September 2, 2016
MIAMI BEACH Y JÓVENES DE MODA
El joven gay en un bar de Miami Beach dijo que él vivía en un barrio que estaba de moda. Con solo mirar el brillo de sus ojos se podía concluir que él era el barrio de moda, sin distinción alguna entre él, su barrio, su mente, su espiritu. Otro candidato a vivir anestesiado por Proxac, Xanax, Valium, quemando sus células lentamente... a la moda.... en la moda.... dentro de la moda.... un todo-moda.
FUSIÓN - BOLERO #18 (DE MONTEVIDEO A PUNTA EN VOZ DE LA TELLADO)
Eros es un bolero, y un bolero es un tango en la temblorosa y angustiosa voz de Felipe Rodríguez, quien "al ver la cama vacía" mezcla los dos géneros musicales, y acompaña la luz de la calurosa tarde del febrero austral.
Luces y sombras, y Felipe Rodríguez iluminan, alumbran la habitación color blanco estéril y el cargado mundo de tubos y equipos que, quizás, maquillaron con sus brillos y líquidos la pálida cara de la que pasó su vida detrás de una telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros.
¿O no fue ella? ¿Habrá sido un amigo fiel, como sugiere la voz del cantante de bolero-tangos, el que una vez estuvo en la cama vacía?
La cama vacía, el Porsche, destruido.
Un tango no es un bolero, excepto cuando lo canta Felipe Rodríguez. Con su muy particular estilo -"casì agónico y rodeado de un silencio sepulcrar/ con su ternura habitual, la que siempre demostró"- logra ambientar el clima que se necesita para sentir el amor o el dolor, si se pierde un amigo, un amor, y se entra en un nuevo estado anímico.
- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- .......,,,,,,
-¿Dónde estoy?
- .....,,,,,,,,
- ¿Qué hago aquí?
El borrador no progresa. Ante la inercia y falta de palabras, los correos electrónicos y el contestar mensajes sirven de escape, aliento, ahogo, motivos para sentirse ligado a algo, esperar por un nuevo enlace, continuar saltando en la rayuela circular del bolero, incluso cuando es tan triste que casi se hace tango.
El bolero tango no termina; una pausa lo silencia, un momento de reflexión activado por un mensaje electrónico cuyo contenido golpea y expande la respiración, amortigua la sofocante e insoportable espera, y sirve de enlace cibernético, llevando al oyente, el bolerista o al autor a la música y sus críticos en la red.
Un mensaje que logra mover el estado de ánimo del espacio que ocupa la ansiedad, la mudez o la inercia, a un nuevo tipo de bolero, a los planos donde se es guiado por la palabra, los ritmos.
El bolero se hace tango. Ambos géneros entran en una relación metonímica, para cantar a unos amores desgraciados o cíclicos. Por un lado, el tango no permite una solución posible; por otro, el bolero transforma ese amar en una oda a la utopía. Ambos sugieren que un "viejo amor, ni se olvida ni se deja".
El bolero-tango logra que la angustia y lo idílico se junten en una relación simbiótica, y es la voz temblorosa, suicida pero a la vez libidinosa del bardo conquistador, la voz de Felipe Rodriguez la que lleva a los amantes en Punta, el escritor en Manhattan y la Tellado en el fondo a bailar juntos y cada uno por su lado; a temer lo peor o a esperar el regreso de lo amado.
En la versión felipeniana, lo tango de la canción encuentra la cama vacía; su tiempo de bolero le da margen a los amados para seguir soñando.
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
Luces y sombras, y Felipe Rodríguez iluminan, alumbran la habitación color blanco estéril y el cargado mundo de tubos y equipos que, quizás, maquillaron con sus brillos y líquidos la pálida cara de la que pasó su vida detrás de una telenovela, novelita romántica copiada de una revista de modas y quinceañeros.
¿O no fue ella? ¿Habrá sido un amigo fiel, como sugiere la voz del cantante de bolero-tangos, el que una vez estuvo en la cama vacía?
La cama vacía, el Porsche, destruido.
Un tango no es un bolero, excepto cuando lo canta Felipe Rodríguez. Con su muy particular estilo -"casì agónico y rodeado de un silencio sepulcrar/ con su ternura habitual, la que siempre demostró"- logra ambientar el clima que se necesita para sentir el amor o el dolor, si se pierde un amigo, un amor, y se entra en un nuevo estado anímico.
- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- .......,,,,,,
-¿Dónde estoy?
- .....,,,,,,,,
- ¿Qué hago aquí?
El borrador no progresa. Ante la inercia y falta de palabras, los correos electrónicos y el contestar mensajes sirven de escape, aliento, ahogo, motivos para sentirse ligado a algo, esperar por un nuevo enlace, continuar saltando en la rayuela circular del bolero, incluso cuando es tan triste que casi se hace tango.
El bolero tango no termina; una pausa lo silencia, un momento de reflexión activado por un mensaje electrónico cuyo contenido golpea y expande la respiración, amortigua la sofocante e insoportable espera, y sirve de enlace cibernético, llevando al oyente, el bolerista o al autor a la música y sus críticos en la red.
Un mensaje que logra mover el estado de ánimo del espacio que ocupa la ansiedad, la mudez o la inercia, a un nuevo tipo de bolero, a los planos donde se es guiado por la palabra, los ritmos.
El bolero se hace tango. Ambos géneros entran en una relación metonímica, para cantar a unos amores desgraciados o cíclicos. Por un lado, el tango no permite una solución posible; por otro, el bolero transforma ese amar en una oda a la utopía. Ambos sugieren que un "viejo amor, ni se olvida ni se deja".
El bolero-tango logra que la angustia y lo idílico se junten en una relación simbiótica, y es la voz temblorosa, suicida pero a la vez libidinosa del bardo conquistador, la voz de Felipe Rodriguez la que lleva a los amantes en Punta, el escritor en Manhattan y la Tellado en el fondo a bailar juntos y cada uno por su lado; a temer lo peor o a esperar el regreso de lo amado.
En la versión felipeniana, lo tango de la canción encuentra la cama vacía; su tiempo de bolero le da margen a los amados para seguir soñando.
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
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