Saturday, May 10, 2014

CRIOLLO AFRANCESADO


De ropas caladas estabas
Marchabas al Gran Café
De ropas afrancesadas
Paliqueabas con la Gertrude
De Toklas el chocolate, té a té.


(Poesías de La Ralea de la Academia y Lengua Española Puertorriqueña, 1965-1985)
http://memoriasdeungaysesenton.blogspot.com/2013/03/poesias-de-la-ralea-de-la-academia-y_23.html

Professors are prejudiced too on today's New York Times

Well, and if they study professors in urban colleges serving minority communities, as my not so pleasant experiences at CCNY can demonstrate, the urban ones are as prejudiced as any other type of professor; including some of my very multicultural colleagues; pero de eso no se habla, y si uno lo delata, todos te dejan de hablar (véase escritos sobre este tema en este blog). Algunos profesores lo aceptan, pero los multiculturales no; que se les cae el kiosco y eso deja muchos "chavos".


http://www.nytimes.com/2014/05/11/opinion/sunday/professors-are-prejudiced-too.html

Friday, May 9, 2014

Freire y los diminutivos en los Heights de Manhattan

No le importó, quizás no le pasó por la cabeza, que sus sujetos eran dos hombres cuarentones. Que si estaban vestidos demasiados juveniles no era debatible; tampoco era razón para referirse a ellos con el diminutivo, “loquitas”. Partidos son, delgaditos, vestidos con ropas entalladas, a la moda aunque se jodan, recortes al borde de Ricky Martin, y con tatuajes.

Lo de parecer modelitos no le da autoridad a una  lesbiana de clóset, o bisexual, o feminista que experimentó con mujeres por ser muy liberal, o no sé qué es. El que guste jugar con su identidad sexual y usarla para propósitos mas allá de lo político o sexual (vuelvo y repito) no le da autoridad para referirse a ellos como loquitas. Llenó la copa la nena que marcha en pro de los derechos de todos.

Tanto discurso freiriano de alfabetizadora de barrios y pueblos enteros para terminar delatándose con un,”te vi cuando ibas con las dos loquitas”. Dos loquitas que molestan con su carácter amanerado, delicado, finos, de muy buenos modales, nada agresivos; que molestan a las feministas tipo profesora dogmática de literatura anti-colonialista, la que gusta de los hombres “bien machos”. Loquitas que molestan  a la estudiosa de Freire, y a otras u otros cuya liberación es a medias.

Así de clarito lo oí en la ciudad de Nueva York, un día tal del pasado año: dos loquitas. 

Los mismos diminutivos que se oyen en otros lugares, con otros referentes: la negrita de Santurce tiene sobre cincuenta años, es una profesional en todo el sentido de la palabra y mide más de seis pies. Cuando se refieren a ella, es una negrita. 

El jibarito no es un ser humano. Tampco es un agricultor con muchas décadas de experiencia. Es una pieza foklórica.

Diminutivos muy distintos de los que acarician: el cafecito o el juguito. Parecidos todos a los que disminuyen: el patito, negrito, indiecito, muchachita, muchachito, culito.

Loquitas los tres, y dos eran jibaritos. Lo decía, entre otros, una patita.



Iván Illich y la educación pansexual


De Iván Illich estar en lo correcto - la escuela no educa, escolariza; y en los EEUU, la escolarización con su enfoque conductista lleva a los ciudadanos a pensar desde una perspectiva atomista. Este reductivismo mental que tanto aqueja a la nación estadounidense se manifiesta no solo en su obsesión con las pruebas estandarizadas, cargadas de ejercicios de selección múltiple, libros te textos programados; se encuentra en su enfoque político hacia los "very specific issues", sin fijarse en la relación de estos “specific issues” con unas visiones más amplias del mundo. Un ejemplo de lo que aquí sugiero se nota en lo que escribió un lector en el mssg board del NYT, 25/6/2012.

"Like other voters most will not vote based on a single issue. Myself, I'm gay and won't be supporting the president because of his stance on illegal immigration."

Quieren derechos y privilegios sin comprometerse con los asuntos y necesidades de los demás. El egoísmo y sus limitadas capacidades para entender al mundo los mata.... intelectualmente y, a veces, en cuerpo y alma....




Thursday, May 8, 2014

Bares gais en NYC: Julius y el bar de las lloronas

No vuelvo. Les juro que no vuelvo. A ver hombres cincuentones, sesentones y sus jóvenes lapas llorando mientras oyen y corean canciones de Judy Garland no pienso (valga la redundancia) ni pensarlo.

Es de no creer, que a estas alturas y tiempos emancipadores estén “esmelenaos”, llorando desconsoladamente, todos los domingos por la tarde, ensimismados en sus estados melancólicos, en uno de esos emblemáticos bares del Village; y no me refiero a Julius, el bar más antiguo de todo el Village - si no es el más antiguo, es el que atrae a los más antiguos parroquianos, ¡y la de gais de la cuarta edad que se ven por allí todas las tardes!

Me refiero a los “piano bars” donde el pianista toca y el coro de locas lloronas canta las canciones de épocas pasadas. Y mientras cantan, lloran. Ese tipo de ejercicio lúdico-terapéutico, si se repite, se automatiza. Por ahora, no vuelvo.

Lo entiendo. Conozco las raíces de esos momentos histriónicos: se juntan tres o cuatro pre Stone Wall gais, oyen música de “su época”, se toman unas copas y a llorar como magdalenas, por razones que van desde los lindos recuerdos hasta la opresión y genocidio. Razones que se mezclan, y con el llanto se subsanan; se resuelven, y son desplazadas a ese espacio donde la historia es menos fuerte que el deseo de vivir plenamente.

Nadie podrá entender lo que tuvieron que soportar los de esa época: la burla, el desprecio, el comentario acusatorio, el chiste de mal gusto, la mirada cargada de sarcasmo, las palizas, la persecución y asesinato en países donde el nazismo, fascismo, militarismo, dogmatismo religioso regían sin atenerse a las consecuencias y luego la Elvira, mi nombre para el virus VIH.

Que si en Alemania hitleriana los castraban, asesinaban, marcaban con estrellas amarillas, en los EEUU McCarthy y la Hoover los internaban en hospitales de psiquiatría y trataban con cargas eléctricas; y a saber qué hicieron los militares en Argentina, Chile, Uruguay, etc. etc. etc.

Lo he vivido: Cada canción (en mi caso particular son los boleros corta venas) puede revivir un momento y reactivar las lacrimógenas. Reactivan esos dos elementos que conforman la substancia vital que dentro de la nostalgia se encuentra: amor y tristeza conviven juntas en ese espacio que una canción logra sacar a flote. Y esa mezcla de tristeza y amor nos humaniza.

Allí en esos bares o en una reunión de amigos, cantamos en conjunto, nos hacemos parte del gran todo vital. Sabes que puedes amar, lo sientes; sabes que te han perseguido, lo reconoces. Cantas y lloras para desahogar esa intensidad que el amor y odio generan en aquellos que les tocó vivir vidas cargadas de fuertes y múltiples “significantes y significados” simbióticos: amor y persecución juntitos. Pero ir a un piano bar a descargar ese histrionismo todos los domingos por la tarde, después de haberse comido una hamburguesa en Julius es un poco excesivo.

Lo disfruto: El un bar de travestis en el Villaaage (extiendo la a para darle un toque gay partido a la palabra), un parroquiano, de seguro que era parte de algún “bridge and tunnel crowd” que turisteaba por la ciudad, se burlaba de una de las que allí su show presentaba. El “performer”, bastante cansado con la roba show, paró su presentación y dijo, “don’t fuck with mama, mama has a college degree”; siguió cantando, el público reía y le aplaudía.

Aquella muy sutil y nada agresiva respuesta no hubiese sido necesaria en los piano bars donde se va a cantar y llorar en conjunto; nadie trata de robar el show. Las experiencias pre Stone Wall conjugan al grupo y les da un sentido de historia que los que se benefician de la liberación sólo conocen de oído. Los de “esa época” disfrutan su catarsis, su historia.

Vuelvo, claro que vuelvo. A saber si por ahí vienen mis amigos del “bridge and tunnel crowd” y les doy un paseíto por Julius, que allí nadie llora, comen hamburguesas y miran hacia el Villaage, el eterno Villaage, para luego después de una copas, “esmelenarnos” en un piano bar, y a llorar en coro, que es lo menos que podemos hacer los de esas épocas.

Wednesday, May 7, 2014

Un Culo Rojo

El color del agua y la excreta en el inodoro asustaban al más valiente, y en este caso había muchas razones para explicar el escalofrío que sentí, el que los pelos se me pararan cuando vi aquellas aguas rojas. Sangre. 

Cualquiera de las lombrices, gusanitos, virus o bacteria que hacen de mi cuerpo su residencia podían ser la causa de lo que parecía un derrame. Hubiese preferido que la vista del inodoro con la excreta y aguas negras color vino me recordasen a un Francis Bacon. Mas bien parecían un Damien Hirst. 

La sangre no me asusta; estar a la merced de otros, sí. Peor todavía, si estás en un barco en medio del Atlántico. Un cuerpo derrumbándose poco a poco, tubos por la nariz, la boca, el culo, agujas, máquinas enchufadas en la frente, las tetillas, las nalgas, las bolas, enfermeras regañonas, médicos en apuros, hospitales cobrando antes de matarte, testamentos sin preparar, documentos sin organizar, relatos escritos a medias y el deseo de vivir y conocer lo que me depara el futuro me mantuvieron completamente inerte frente a la no muy agradable y rojiza excreta. 

Quizás la roncha que tenía en la mano no era una picada de mosquito o el dolor de estómago no fue una mala digestión. Puede que el cansancio no tuviese nada que ver con el calor del mediodía en el Caribe, o que el haber puesto el detergente en la nevera no fuese resultado del un descuido. ¿Voy al médico del barco o espero a llegar a Nueva York? ¿A quién le dejo mi colección de libros antiguos, mis pinturas, los ahorros, las propiedades, el amor incondicional que a tantos profeso? 

Las lentas y difíciles contestaciones a todas aquellas inquietudes y preguntas fueron despachadas de mi conciencia por el recuerdo de la cena. Ni los gusanitos, lobrices, bacterias o el virus eran los responsables. ¡Qué susto! ¡Qué alivio! La noche anterior me había “jartado” de remolachas.

Tuesday, May 6, 2014

Salir del clóset

"Los estudiantes homosexuales son tres veces más propensos al suicidio que el resto de los chicos de esa edad."  (Véase anexo)
¡Tantas veces que he contemplado el suicidio! Lo último que tuve que oír fue a alguien decirme, que me aceptaba pero que no aprobaba mi homosexualidad; y se creyó muy centrado quien lo dijo. Un ignorante mas haciendo daño. He conocido unos cuantos, entre ellos tres muy buenos amigos, que intentaron suicidarse. La vida no es un discursito moralista ni narcisista para los gays, y los jóvenes son los mas vulnerables. Comparto esto porque es imperativo informar y ayudar, si se logra.