Friday, October 5, 2012

PENDEJOS (de Poemas de la Ralea)

Pendejos
¿De qué hablas?, pendejo
Es tu verbo floripondeado
O tu enrizada cara barroca
Negra de ira, llena de brillo
La que no entra junto al destino
¿Por qué criticas?, pendejo
La entrada libre sin límites
Todo el que sabe entra
En el complicado túnel
De una avejentada chocha.



Luisa Fernanda con Alcapurrias


“No se tome la vida muy en serio porque nunca va  a salir vivo de ella”. Yeyita la de la Quince
La voz ’esgalillá ‘ que oía mientras más me acercaba al mercado no era la de Lizza Fernanda, el álter ego de un respetado profesor y crítico de literatura de la UPR, un artista del travestismo. Era la voz de una soprano, interpretando a la Luisa Fernanda.

Zarzuelas no es lo que usualmente se espera oír en los cafetines que se encuentran en los alrededores del emblemático mercado. Por la Placita se oyen combos tocando salsa, boleros en velloneras, congueros invocando a los santos. Aquella tarde de domingo, puros tenores, barítonos y sopranos deleitaban a la muy sorprendida audiencia. Y típico de los puertorriqueños, si le pones música, la que sea, la disfrutan. Sin encomendarse a nadie, así mismo fue, con sus palitos de ron, sus cervecitas, whiskys con agua de coco, allí aplaudían a las voces de los jóvenes estudiantes de música y gritaban bravos como el más ducho en el mundo del haute kultur. De rigor, que no podían faltar la frituras boricuas, con la reina de las mismas: las alcapurrias.

De la misma manera que habitan los aparentes mundos contrapuestos del reconocido profesor y artista del travestismo - una vida de erudición universitaria y de lucha frente al arte teatral en el que existe su Lizza Fernanda, durante esa hermosa y fresca tarde puertorriqueña lo hacían los mundos de las alcapurrias y Luisa Fernanda; el mundo del cafetín placero cohabitaba con el de las operetas españolas. Para los muy enredados intelectuales que hoy escriben con cierto tono de desprecio hacia las clases populares (¡Y la de verborrea pos-modernista escrita por rebuscados egos con ínfulas de izquierdosos que sufren de lo mismo que critican.....!) o para

los estetas con egos tan inflados que caminan sobre nubes, esa tarde de hermosas arias, friitas (cervezas en la jerga del cafetín) y frituras, fue testigo de que se puede lograr ese balance entre haute kultur y vox populi.

Al ser este un blog que incluye y arropa las sensibilidades del homo/zas (este zas se refiere al “snap, snap” de los dedos que tanto le gusta a algunos gays gesticular cuando quieren afianzar un punto), es de notar la cantidad de numerosas parejas de hombres gays que por la Placita se encontraban; que no se puede negar, quedaron leídos por los códigos que usan los miembros de esa sub-cultura para identificarse unos a otros. Con sello y todo, unos cuantos se andaban calando mutuamente. Fascinante mezcla: gays “desarmariados”, fuera del armario/clóset, estetas, obreros, zarzuelas y alcapurrias.

Sunday, September 30, 2012

Cine Metro, Santurce

No vimos la misma película
Estabas al lado mío, llorabas
Yo reía. El actor travestía
Su amor por la otra. El otro
Palomitas de maíz  en mano
Soñaba conmigo, en tu cama.


Saturday, September 29, 2012

Cabrón, corillos y tuteos


- Cabrón - dijo el joven poeta urbano. Eso dice él - soy poeta urbano en busca de los significados y sus historias.
- Dime Gerardo, ¿qué tú crees del uso que nosotros le damos a cabrón?, ¿te tiene que molestar?- continuó sin dejar que me recuperara de la primera nada fácil de oír locución, cabrón.

- OMG - pensé, un ¡ay, dios mío! reemplazado por las siglas inglesas, tomadas del lenguaje cibernético; transformadas por la misma generación que desenmascaró el vocablo cabrón.
Sorprendido, al borde de un vahído, por dentro. Por fuera, mi muy flemático sentido didáctico-lingüístico-literario de jibaro madurado en el Upper West Side niuyorkino, fiel defensor del español norteño, cual música tejana, me llevó a discutir los distintos planos que servían para responder a esos nuevos y repetidos usos de una palabra que pasó de ser un preciso insulto a los cornudos para convertirse en elogio, a veces; y en otros, rechazo reflexivo, algo como un señalamiento pueril de una mal comportamiento; y a saber cuántos más.

“Dime Gerardo, ¿qué tú crees…” fue un tuteo, que junto al multisignificante cabrón marcan la diferencia entre los ‘techies” (generación a la que pertenece el poeta urbano) y los amorosos de los sesenta, la mía, “peace, brother”, quienes, aunque desmantelaron la sexualidad y los absolutos de las luchas de clases, no rompieron la cadena del respeto linguistico generacional (los rebeldes de aquella década nunca dejaron de usar el usted con las personas mayores). Y no es que los techies sean irrespetuosos; es que tratan al otro de tú a tú.
Cabrón y tuteos destrozan el lirismo en la poesía; herederos de Palés Matos y sus onomatopéyicas críticas a las relaciones políticas, conde de mermelada, y  las raciales al ritmo de un, “Tun Tun de Pasa y Grifaría”, ponen a “perrear” a los jóvenes tatuados, en homenaje al “culipandear” de las damas de la muy alta y rancia sociedad mulata de Guayama, y pueblos, países, arquetipos limítrofes que informaron al gran poeta antillano.

Generación “techie” con obvias influencias del Nicanor Parra y manifiestos de las calles treces del ritmo, atrévete, te, te; sin sentir pudor ni vergüenza ante tanto cabrón, se define con unos límites distintos a las que le precedieron. El techie habla de tú a tú con una informalidad y confianza ausente del “discourse” del “flower power baby” de los sesenta. No siente la vergüenza ni al hablarle a un respetuoso, serio y algo huraño envejeciente (nombre que se usa para designar a las personas de la tercera edad en PR, y que define el proceso mas que la persona) ni tampoco al expresar/”performear” sus ‘object d’art’.
Aunque en el diario vivir y en sus caminos por las calles treces los techies están “cabrones”, no se lo dije al poeta urbano, no fuese a pensar que estaba tratando de congraciarme con su  “corillo…”       

 

      

Thursday, September 27, 2012

Fassbinder en Guayama

"El fascismo comienza en casa”, dice un personaje en una película cuyo título no recuerdo, dirigida por Fassbinder. El fascismo se manifiesta en la madre bipolar, un tanto abnegada, usa sus penas para manipular a sus hijos, se llena de soberbia, descarega su rabia, marca su poder con el foete, las pelas sin motivo. Fassbinder es recreado por los padres alcohólicos que se emborrachan todas las noches para dejar salir sus horrores, los gritos, los ataques de nervios ; por el hermano abusador que te grita y amenaza con darte palizas si te atreves contestar, cuestionar sus burlas. “Marica, marica”. Los familiares y vecinos callan; se burlan.

El terror comienza en casa y lo llevas a todas partes; lo reprimes, y luego te explota en las llagas que te cubren el cuerpo y el médico te cura con cremitas carcinogénicas; en las reacciones ante el amante que se comió el queso y no lo compartió contigo; en las pesadillas que te persiguen y se manifiestan con extraños símbolos: perros violentos, caídas por abismos, túneles de los que nunca sales.

La opresión comienza en casa; y de noche, quieto, la escondes sobre la almohada; y sueñas con vidas idílicas junto a los tan felices personajes del cine o triunfando en otros entornos más allá de la pobreza y la miseria; cuando te preguntas por qué te tocó a ti vivir esa vida y nadie te oye. Nadie te oye.

Wednesday, September 26, 2012

Canetti, IKEA, Walhor, Radiotransistor y Yo


Me pude haber sentido como West Elm o Crate and Barrel , un poco más elegantes y con buenas ofertas, quizás, de mejor calidad. No, me sentí como IKEA cuando vi por primera vez mi producto literario en las páginas de Amazon y Barnes and Noble*. Mi novela y Yo (primera persona en mayúscula) juntos en venta por el ciberespacio. Igualito a los desechables muebles, para ser armados y desarmados a su gusto, mi novela y Yo podemos ser leídos, armados (si te anuncian te arman y desarman) y desmantelados.

¿Será coincidencia el que Andy Walhor llegue al MET cuando Yo (aquí repito lo de primera persona en mayúscula para evitar la cacofonía del ‘yo llego’) llego a Amazon? No, no es coincidencia nos dice Canetti en La antorcha al oído. Canetti no habla de mí. El rumano escribió sobre la conciencia colectiva, o algo así por el estilo, y sus vivencias personales. No escribe sobre IKEA, Walhor o el Yo centrado. Canetti nos sugiere a IKEA (mi sensación al verme en el comercio internauta del ciberespacio), a Walhor y su pop (mi novelas es popiana, con su lenguaje vox populi y los medios como protagonistas, me escribió uno de mis amigos/lectores/abogado/escritor al comentarle estas sensaciones) y a mí/yo novela en el mundo del cibercomercio.
Al aparecer juntos los tres (artefactos, sujetos, otredades) en la propaganda que se mueve por la sugerida nube cibernética,  nos hacemos parte de lo mismo. Coincidencia no es.  ¡Ok! Basta del Yo centrado, al menos me sirvió de motivo para hablar de mí. ¡Y ya!  

*La fecha de la edición que aparece en el ciberespacio es distinta a la que repartí  entre amigos y conocidos. La primera aparece publicada en el 20011; y la última, que todavía no he visto, en julio 2012.  



 

 

 

Monday, September 24, 2012

Fragmento de la novela Radio Transistor. Terranova Editores, 20011

         
           La Voz de Machito González
                                         
—  Mis queridos radioescuchas. Nada como una cumbia para despertar nuestra sensualidad. Y nada menos que una cumbia cantada por una mujer, La Reina del Chocolate. En este año de la mujer, ya que todos los demás años son los años de los hombres. No, mis queridas radioescuchas, para este su locutor de siempre,todos los años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, todas las horas, todos los minutos y todos los segundos son sus años, sus meses, sus semanas, sus días sus horas, sus minutos y sus segundos. Sin ustedes mis queridas radioescuchas, qué sería de este su locutor, su eternamente agradecido Machito González. Y ahora vamos a la segunda llamada del día. Buenas tardes doña Ana Torres. Nombre de mujer de peso. De los Sures de Brooklyn. Y para complacer a doña Ana y a todas las damitas elegantes y guapas de Brooklyn, un bolero del recuerdo,

—  “Sin ti la vida es nada...”

—  ¿Y me llamas para decirme que esas dos veletas se están quedando en casa?

Una voz que acompañaba la novena, las conversaciones de ventana en ventana, los teenagers del apartamento de arriba...

—  Joe di Magio. Bum, bum, vogue, vogue.

—  ¡Ay, Dios mío!, perdóname. No me dejan rezar. La pareja de viejos fiesteros....

—  Tanta vanidad. Tanta hipocresía.

—  Señoras y señores dejen que corra la voz. Que se enteren todos.

—  Santa María, madre de Dios.

—  Dejen que se enteren todos.

—  No podemos rezar. Vivir en este edificio es un infierno. Esa gritería. Estos apartamentos pegados unos de otros. Este calor. Suerte que ahorita llega el otoño. Que sea lo que Dios quiera. Empecemos de nuevo.

—  Ave María purísima.
                                                     

Carmelita durante aquel rosario juraba que se iba a marear y luego sentía que se elevaba. En sin pecado concebida fue cuando sintió que verdaderamente se elevaba, se quedó tiesa. Dios te Salve María continuaba y Carmelita en un estado catatónico se elevaba a otros planos. El rosario paró de súbito cuando una de las vecinas preguntó,

—  Por Dios, Carmelita, ¿qué te pasa?

—  Yo no sé, parece que está en un trance. Debe ser el calor.

—  ¡Ay!, mi hija, tú no puedes rezar oyendo ese radio. Bien sabes que somos católicos.

Cuando le quitaron el radio, volvió en sí. El 1812 de Tchaikovski nunca había logrado llevarla a aquel estado, la desconectó de todo tipo de sentimiento, pensamiento y ruidos de los vecinos.

—  Que yo soy buen salsero. El mejor de todo el bloque. Y no me gusta el rapeo americano.

—  Boricua, mi familia. Uao. Uao. Que chévere, mano.

—  Esos viejos son patos. Maricones.

—  Pendejos, maricón, tu madre.

—  No le hagas caso, mamá. Es el calor.

—  Ave María purísima...

(Tomado de la novela Radio Transistor. Terranova Editores, 20011)