Friday, December 30, 2016

NO PUEDO SER TÚ

Quisiera ser tú
       Empatar tus hileras
              Romper tus barreras
                    Pudiera ser tú.

                    Estar en tus fiestas

               Besar tus amigas
        Comer tus manjares
Poseer tu tú, tú.

Entrar en tus patas

      Sin regreso la ida
            Aunque te empeñes 
                     No puedo ser tú.



(Poesías de La Ralea de la Academia y Lengua Española Puertorriqueña, 1965-1985)

http://memoriasdeungaysesenton.blogspot.com/2013/03/poesias-de-la-ralea-de-la-academia-y_23.html

Thursday, December 29, 2016

MARIQUITAS LIMOGES EN SANTURCE

La invitación era para cócteles a las siete, cena a las nueve, luego ir a uno de los bares en uno de los hoteles del Condado a tomar más licor, para terminar en uno de los bares gais de Santurce. Llegué a las siete y treinta, no quería dar las impresión de que estaba emocionado o súper impresionado con el que me hubiesen invitado a salir con un grupo tan chic. Esa fue la palabra que usó Tuto para describirlos: chic. “Son bien chic”. Como lo dijo tan serio, no sé si fue en tono de burla o que verdaderamente creía que así eran los demás invitados.

Cuando llegué, Tuto todavía no estaba allí. Me lo temía. Además de que era un cínico empedernido, disfrutaba de la jodedera y los buenos vinos, y no era de dudar de que ni se apareciese por la muy elegante cena o de que andaba por los cafetines de la Placita de Mercado de Santurce. No era la primera ni la última vez que lo hacía, dejar plantada a la gente para irse a beber a los bares de cualquier barrio popular. En uno de esos bares fue que lo conocí. El grupo chic lo seguía invitando por los vínculos escolares y sociales que los unían: se crió en el mismo sector clases medias, y estudió en el mismo colegio donde fueron educados los anfitriones.

Saludé con entereza,  apreté fuertemente la mano de cada uno de los otros invitados, sonreí, y con un “sí, sí” estuve de acuerdo que era amigo de Tuto, acepté una copa de vino blanco, y no más ya estaba relajado y sintiéndome cómodo en el muy elegantemente decorado apartamento, medio abrí los ojos cuando vi que uno de los invitados apuntaba con su dedo, al tener de frente la bandeja de porcelana donde traían los entremeses, y decía con un leve gritito y respiración ahogada y estirando la o: “Limooges”.

“Qué carajo hago yo aquí”: me pregunté. Mis platos no son parte de un juego, no tienen procedencia ni nomenclatura. Los compré en quincallas, pulgueros; otros son heredados o regalados. Nada cuadra en mi casa y mi vida está completamente falta de abolengo, apellidos históricos, colegios de renombre y vacaciones con mis padres en Europa. El relajamiento duró muy poco. Peor todavía, como soy algo torpe, temía que pudiese romper un plato.

Tuto nunca llegó. Saqué mis mejores modales, cené, comparti la sobremesa, ofrecí alguna razón para excusarme y no poder acompañarlos por los bares, salí como alma que lleva el diablo, me sentí libre al poder abandonar aquel grupo de maricas estreñidas por la historia, y me fui hasta la Placita de Santurce, al cafetín donde sabía que iba a encontrar al sinvergüenza de mi amigo del alma. Muerto de la risa, cuando me vio llegar azorado, el muy, pero que muy maricón malicioso -y lo mucho que lo quería- me preguntó: "¿Cómo te cayeron las Limoges?”.

(Este relato está dedicado a mi querido amigo, J. Batlle, QEPD, quien disfrutaba de la versión original, la real, de burlarse de los gays "falsos burgueses", de exagerar la o del Limoooges, y de los cafetines de Santurce.)




GAYS QUE SE AHOGAN EN SU PROPIA VOZ

No se puede negar que los hombres gays pueden ser extremadamente correctos en sus modales y trato. Utopías ambulantes. Elegantes, corteses e impecables. Pulcros y magisteriales en el manejo del detalle. Meticulosos a la última potencia. Y ese manejo del detalle es el que los lleva a esa preocupación por lograr la perfección en la pronunciación de los fonemas. Para algunos de ellos, decir es menos importante que lo dicho. La forma impera sobre el contenido. Lograr esa perfección implica cuidar cada sonido; parecen estar llenos de miedo, de que al hablar se noten las imperfecciones.

Debe ser el clima o la economía, quizás los islamistas o sus iguales de este lado (los talibangélicos  americanos) quienes están obligando a tanto hombre gay puertorriqueño a hablar como si estuviesen perdiendo la voz. Al borde de una epidemia, casi ni se les entiende cuando hablan. Las palabras no le salen de bien adentro. Le salen del diafragma que separa la cavidad torácica de la abdominal. Sus palabras no suenan fluidas, sólidas, con peso. Emitido cual lleno de aire, un “hola” no es dicho de corrido; es enunciado en dos partes y cada una sale lentamente, aspirada cada silaba, casi atorada en el tórax, al borde de una pequeña explosión.

Finos, muy finos, le llamaban en los barrios proletarios de los pueblos en la isla de los encantos. Un saludo, "encantado", es lo dicho por uno de ellos, un gay más planchado que un sapo de carretera, y tan perfumado como un jardín de azucenas. Un "encantado" que no sabe o se oye igual al tosco “mucho gusto” que se oían por aquellos barrios, sube y baja, adquiere la musicalidad, el fraseo de una bossa nova cantada por la Simone o un bolero por la Elvira Ríos.

Un fraseo y silabeo igualitos a las pausas de la Elvira; un ritmo marcado por los silencios entre palabras y fonemas que duraban mucho pero mucho tiempo. En su clásico Noche de Ronda la Elvira se tardaba horas entre "noche" y el "de ronda"; pasaban largas horas, silencios entre "de" y "ron" y "da". La Elvira recuerda a esos hombres gays que se ahogan en su propia voz.

Octavio Paz en su libro Laberinto de la Soledad sostiene que las mujeres pobres de México -con sus voces agudas, casi reprimidas- tienen un metal de voz distinto al de las mujeres educadas. Algo parecido ocurre en PR, y a ese metal de voz agudo le llaman voz de pasteleras, en alusión a las señoras que vendían pasteles por las calles. En oposición a esas voces agudas se encuentran las voces roncas de muchas actrices mexicanas, y en PR, las excesivamente nasales de las burguesas, nuevo-ricas puertorriqueñas.

Para los terapeutas del habla, la pronunciación puede ser el resultado de un problema patológico. Para Paz, el metal de voz es un asunto de procedencia de clase social. Para estos gays, tan cultos y finos, la enunciación pausada, el aislar y darle carácter muy particular a cada fonema sirven para proyectar y definir una estética o un tipo de sensibilidad, o un miedo primigenio. La elegancia suprema los eleva más allá de lo pedestre.

El arte se hace arte en la enunciación misma, y así no se enfrentan o evitan..... finos muy finos.

Artemisia Gentileschi (1593-1653)

Véase mi página de FB.
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1200237463391388&set=a.1179201182161683.1073741827.100002154376863&type=3

NIGHTHAWS EN LA TAZA DE ORO

"Y soltero, un poco ajado por la edad, pero sin necesidad de viagra y, en general, con mucho donaire, hidalguía y en buen estado físico": era lo que pensaba seguir diciendo aquella noche hopperiana en La Taza de Oro, Octava y Catorce, pero el cuarentón solitario y preguntón solo quería conversación.

Yo deseaba algo más, un novio o una cita para no seguir cargando la soledad de un setentón, a cuestas, con un futuro limitado por la edad. Regresé a mi plato, un muy navideño pastel puertorriqueño, antes de que se enfriara, endureciese, "pusiese como palo" y que terminara también sin comida. El pastel me miraba, no habló; pintó una versión criolla de Nighthawks por Edward Hopper, en una fonda puertorriqueña en Chelsea, Manhattan.

28/12/2016 (hace un año)

Wednesday, December 28, 2016

PERDONEN A TRUMP

si los incomoda o derrumba sus bien integrados valores pequeño burgueses, moldeados por sus nada integras historias; sus vidas clandestinas llenas de doble vara, ritos rigurosos, modales de salón decimonónico, y comentarios tras bastidores, o susurrados y protegidos por sus manos. No es que Trump no diga su verdad, es que también está diciendo las de muchos de ustedes.

MasTurbados

En el hombre que quise
Creí. En la pasión creí. Creo
en el hombre que deseaba.

Me masturbé por última vez
contigo. Con él
no pude venirme.

Pos coito desplaza
en sudor. Gemidos
sin oxígeno.

Ya la parra no cubre
Bostezos, sin sentido.

Orgasmo. Venidos
Enjabonados
Busco su cintura
Maciza
Huelo
Saboreo
Mi saliva.