Tuesday, March 28, 2017
CUCARACHAS BIBLIOTECARIAS
Meticuloso, guardaste todas las cartas en cajones a prueba de fuego, sin preocuparte por el diluvio que corroe el hierro, ni por las cucarachas comelonas de papeles mojados, apestosos a viejos; las mismas en cuyos ADN grabaron, archivaron ... retrieve
Monday, March 27, 2017
BOLERO #45: REBOTES. MONTEVIDEO A PUNTA EN VOZ DE LA TELLADO
"Contigo aprendí" cantaba José José, decía que podía amar sin filtros, "que existen nuevas y mejores emociones", durante el baile, la escritura, al lado de la tocadiscos, junto a tantos boleristas y amantes.
"Aprendí que" se puede amar de distintas y enriquecedoras formas , conocer la soledad, "vi gente correr y no estaba tú", reconocer y aceptar mis deseos, "ya son las doce y no llegas", los tuyos, "un mundo nuevo de ilusiones", motivos ocultos, la desidia, caprichos, tramas, perfidias.
Aprendí a disfrutar las cadencias de los cuerpos, rendirnos, "acércate más y más", desnudarme, explorar motivos ocultos, tolerar el desprecio de los otros y otras, su incomprensión, lo que diga "la gente que yo soy la mala", a ser el niño, "ser dichoso", la niña, "que está pidiendo amparo", dejar que el camino guiase el rumbo, separarnos, alejarnos, "caminemos, tal vez nos veremos, después".
Enterneces, coqueteas, bailas, hablas, oyes , rebotas, yo contra ti, tú contra mi, escribimos con nuestros cuerpos, "nosotros que nos queremos tanto", sobre una loseta, crecemos frente a un teclado, al lado de un disco, juntos para poder explorarno, "nosotros que fuimos tan sinceros".
- ¡Qué importa si esta vez no estamos juntos?
- ¿Cuándo quién era el cantante?
- Siempre vuelve.
- El Porsche, ¿de quién era?
"Aprendí que" se puede amar de distintas y enriquecedoras formas , conocer la soledad, "vi gente correr y no estaba tú", reconocer y aceptar mis deseos, "ya son las doce y no llegas", los tuyos, "un mundo nuevo de ilusiones", motivos ocultos, la desidia, caprichos, tramas, perfidias.
Enterneces, coqueteas, bailas, hablas, oyes , rebotas, yo contra ti, tú contra mi, escribimos con nuestros cuerpos, "nosotros que nos queremos tanto", sobre una loseta, crecemos frente a un teclado, al lado de un disco, juntos para poder explorarno, "nosotros que fuimos tan sinceros".
- ¡Qué importa si esta vez no estamos juntos?
- ¿Cuándo quién era el cantante?
- Siempre vuelve.
- El Porsche, ¿de quién era?
PUERTO RICO, PUERTO RICANS AND CAPITALISM WITHOUT BORDERS
My current name is Puerto Rico. I did not choose that name nor any of my recorded previous names: Boriken, San Juan Bautista and Porto Rico, a latinized version of the present one. For over hundreds and hundreds of years, lots of different peoples have moved into my soil. Some of them were forced by nature, as storms and rough seas drove their boats to take shelter in my beautiful bays and ensenadas. Others used armed forces to moved on top of me, and quite a few were driven by my beauty, to grab what was left of my natural gifts. Right now, their descendants and newcomers are fighting each other, trying to figure out what to do with me. A large number of them are leaving (Am I glad to be ridden of so much noise and concrete covering my earth, plants, waters, as well as the noise they are always making!). Perhaps, once more I will be left alone with my trees, rivers, air and my little darlings: the coquís. Some times I wish I could speak their languages and tell them, "get off my face", but I can't, and even if I could they would nor pay attention to me, as they do not pay attention to each other.
Sunday, March 26, 2017
EN PUERTO RICO ALGUNAS CHINAS SE CHUPAN
¿Se chupan ellas unas a otras o son chupadas por otros/otras? son preguntas que pueden ser contestadas, dependiendo del tipo de china, ya que están las chinas chinas, las chinas poblanas, y las achinadas no chinas que no son lo mismo que las frutas chinas, ni las chinas que son frutas: chinas mandarinas, chinas nebos, chinas valencianas y chinas de jugo criollas, las de cáscara verde y no amarillas o anaranjadas como la gran mayoría de las otras chinas, y con un dulce, distinto a las agrias, que nada tiene que ver con las que saben a salsa de soja, y mucho menos con la que un chino le dio chino a otro chino mientras se chupaba una china valenciana. Es obvio que quién se chupaba la china no es el mismo que se chupaba a la china: el chino que le dio chino al chino ¿o fue a una china?
La profesora de español estandarizado, galardonada con cintas y medallas, premio nacional de no se sabe por qué, corregía todo menos los recovecos de las chinas porque para ella solo había un tipo de china y ni la conocía como china, y por ende corregía, mas no investigaba las razones que subyacían al estudiante medio chino achinado criollo a escribir sobre las chinas. El achinado medio chino escribía sobre el rococó de las chinas; y la profesora nada china, al tener que escribir largos ensayos sobre el barroco guatemalteco, tejer a lo china poblana, que son otras chinas que nos son chinas chinas, con sesenta estudiantes todas las semanas, no podía ponerse a averiguar sobre los motivos afectivos y los esquemas psico-históricos-culturales que llevaban a su estudiante achinado medio chino a escribir sobre las chinas; las que dicho estudiante achinado tanto amaba, pues eran parte de su trasfondo chino. Al menos, la galardonada profesora se tomaba el tiempo, el poco que tenía, para poner circulitos rojos, no anaranjados, sobre cada uso de la china.
Que ni el médico chino puede resolver este problema didáctico. Con sesenta estudiantes a la semana, tres artículos por semestre que escribir, asistir a congresos y estar lista para recibir medallas, a quién le da tiempo para averiguar sobre las historias de los chinos no chinos en Puerto Rico y los múltiples usos de la china; mucho menos investigar por qué un estudiante medio chino achinado piensa cómo piensa y escribe sobre las chinas.
En cuanto al estudiante medio chino achinado, pues, le tocó, por su cuenta, averiguar si entendía las reglas, las excepciones a las reglas e investigar su propia forma de pensar a lo Ferreiro, Teberosky, Contreras, Freire, Irigoyen, Torres, Iglesias y un montón más de eruditos, y el por qué escribía cómo escribía sobre los distintos tipos de chinas, las que se chupan unas a otras, las que él chupa y las que no chupan.
(El físico Philip Morrison dictó una conferencia en el antiguo CCNY Workshop Center sobre los símbolos y el aprendizaje, y una de las ideas discutidas sostenía que el énfasis en la letra separaba a los estudiantes de la “experiencia” misma. El ensayo fue publicado, no lo encuentro. Eso fue antes de que me prohibieran seguir usando el Workshop Center por haberle dado más importancia a las experiencias que a seguir modelitos didácticos que trajeran fama; y, también, por yo estar fuera del clóset hetero-normativo-. Como no sé donde están los archivos de Lillian Weber, y mi muy herido ego –con mi perenne lamento borincano- no me deja ni preguntar, pues ya ustedes ven (leen), no puedo incluir la cita. Fue esa cita y los trabajaos de los que investigan los procesos del aprendizaje de la lecto-escritura los que me llevaron a escribir el texto anterior, una caja china)
La profesora de español estandarizado, galardonada con cintas y medallas, premio nacional de no se sabe por qué, corregía todo menos los recovecos de las chinas porque para ella solo había un tipo de china y ni la conocía como china, y por ende corregía, mas no investigaba las razones que subyacían al estudiante medio chino achinado criollo a escribir sobre las chinas. El achinado medio chino escribía sobre el rococó de las chinas; y la profesora nada china, al tener que escribir largos ensayos sobre el barroco guatemalteco, tejer a lo china poblana, que son otras chinas que nos son chinas chinas, con sesenta estudiantes todas las semanas, no podía ponerse a averiguar sobre los motivos afectivos y los esquemas psico-históricos-culturales que llevaban a su estudiante achinado medio chino a escribir sobre las chinas; las que dicho estudiante achinado tanto amaba, pues eran parte de su trasfondo chino. Al menos, la galardonada profesora se tomaba el tiempo, el poco que tenía, para poner circulitos rojos, no anaranjados, sobre cada uso de la china.
Que ni el médico chino puede resolver este problema didáctico. Con sesenta estudiantes a la semana, tres artículos por semestre que escribir, asistir a congresos y estar lista para recibir medallas, a quién le da tiempo para averiguar sobre las historias de los chinos no chinos en Puerto Rico y los múltiples usos de la china; mucho menos investigar por qué un estudiante medio chino achinado piensa cómo piensa y escribe sobre las chinas.
En cuanto al estudiante medio chino achinado, pues, le tocó, por su cuenta, averiguar si entendía las reglas, las excepciones a las reglas e investigar su propia forma de pensar a lo Ferreiro, Teberosky, Contreras, Freire, Irigoyen, Torres, Iglesias y un montón más de eruditos, y el por qué escribía cómo escribía sobre los distintos tipos de chinas, las que se chupan unas a otras, las que él chupa y las que no chupan.
(El físico Philip Morrison dictó una conferencia en el antiguo CCNY Workshop Center sobre los símbolos y el aprendizaje, y una de las ideas discutidas sostenía que el énfasis en la letra separaba a los estudiantes de la “experiencia” misma. El ensayo fue publicado, no lo encuentro. Eso fue antes de que me prohibieran seguir usando el Workshop Center por haberle dado más importancia a las experiencias que a seguir modelitos didácticos que trajeran fama; y, también, por yo estar fuera del clóset hetero-normativo-. Como no sé donde están los archivos de Lillian Weber, y mi muy herido ego –con mi perenne lamento borincano- no me deja ni preguntar, pues ya ustedes ven (leen), no puedo incluir la cita. Fue esa cita y los trabajaos de los que investigan los procesos del aprendizaje de la lecto-escritura los que me llevaron a escribir el texto anterior, una caja china)
NO INTENTO ESCRIBIR NI HABLAR BIEN
Solo quiero escribir y hablar; y si en la marcha lo hago bien, me pueden poner en la lista de espera, en las listas de títulos y premios. Mientras tanto, gracias a lo que sugirió Domitila, hablo y escribo.
MI CASA NO ES TU CASA
"Mi casa es tu casa" me dijo el gringo-liberal-blanco en su apartamento en el Upper West Side de Manhattan, usando una o dos de las tres frases que sabe en el idioma de los, pues, "ya usted sabe". El muy simpático y algo paternalista caballero me plantó una enorme sonrisa que por nada recuerda el libro de Juan Ramón Jiménez. Sonrisa que algunos de nosotros reconocemos, ya que todos los días nos toca vivir con el arquetipo del muy solidario liberal (sean gringos o burgueses puertorriqueños, como fueron/son estos últimos, con sus actitues paternalistas hacia los jíbaros, los negros isleños durante mi niñez en Puerto Rico), que quiere hacerte saber que, aunque no eres de su estatus - no importa si uno habla más idiomas que ellos, tenga más títulos que ellos, haya viajado más que ellos, leído más que ellos -, te entiende, acepta; y, pues, no nos queda más remedio que oírlos, ser diplomáticos, sonreír también y pensar que "mi casa no es tu casa": la casa mental.
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