Un golpe de suerte e historia: el mensaje cibernético no está insertado en el medio, no co-dependía de una libreta. Está en una nube y hasta ella se llega para encontrar a Pennies from Heaven y el enlace que no desapareció con la portátil donde originalmente llegó el correo electrónico y su link, una película.
- ¿Un robo? Se robaron la computadora del Porsche destruido. La película se fue con la portátil.
- ¿Por qué me trajeron aquí?
- Es la clínica más cara de Punta y la más cerca del accidente.
¿Su padre vive en Montevideo?
- ¿Dónde está èl? ¿Por que no está conmigo?
- Eso quiero saber yo.
Un mate, boleros, Corín canta "La noche de anoche", las últimas semanas, los últimos diez años disfrutando de esa calma de un amor que ya pasó, en esa etapa, a la edad cuando quedan solas, quietas las palabras, y hacen comprender, que se ha vivido esperando por un amor que ya pasó, un amor que sigue esperando, acompañado por la voz de la Tellado y el recuerdo de los delirios de la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido en el Porsche en camino a Punta.
El retrato de Pedro Almodovar: Miguel Bosé - quizás fue él -, otro referente, en Madrid ante un - ¿dónde estoy? - dicho por quien estaba postrado - postrada, ¿era una ella? - en la cama.
Punta no es Madrid en todos los tiempos. Lo fueron en aquella noche cuando la voz de la Tellado cantó un bolero en camino a Punta del Este.
Thursday, February 26, 2015
Sunday, February 22, 2015
7. Vistas. Montevideo a Punta: El bolero de la Tellado
"... estoy sintiendo lo que nunca sentí" enreda la una vez tranquila vida, ajustada a la edad, las rutinas, lo predecible, activa contradicciones, malogra las ideas sobre orígenes, sexo, deseos, y su "te lo juro, todo es nuevo para mí".
Frente al ventanal y la vista, el tejido blanco lo revuelve el viento, la tormenta invernal se integra al bolero que cantaba la Tellado en camino a Punta del Este. El Porsche, destruido. La vista, lo visto, el norte, en ánimo de Zen
- ... de su padre.
- Quien estuvo aquí, ¿era un policía argentino. ¿Qué le dijiste?
- El Porsche destruido es de tu padre.
No hay segundas oportunidades. Nada terminó. Pausas, estruendos, silencios, espacios libres, estrechos describen lo que puede ser "esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, a la edad sesentona cuando quedan solas, quietas las palabras, los sentimientos apaciguados, hasta que vuelve, escribe, empezar de cero, de nuevo. y cuestionar, "qué tú estás haciendo de mí....". Una vez más, volvemos a amarnos sin barreras.
Acompañada por los delirios, la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, canta sus lamentos, sentirse engañada.
- ¿Por qué me pediste que viajara?
En el fondo se oye la voz de la/el novelista, "yo que estaba tan tranquila", y los timbres. No paran: un ding, otro ding y otro ding centran la vista, el deseo en la pantalla. Dos cuentos paralelos que no terminan, no se juntan. Las cámaras filmaron el choque, el viaje no se completó en aquel accidente.
"Estoy aturdida...." canta la Tellado.
Frente al ventanal y la vista, el tejido blanco lo revuelve el viento, la tormenta invernal se integra al bolero que cantaba la Tellado en camino a Punta del Este. El Porsche, destruido. La vista, lo visto, el norte, en ánimo de Zen
- ... de su padre.
- Quien estuvo aquí, ¿era un policía argentino. ¿Qué le dijiste?
- El Porsche destruido es de tu padre.
No hay segundas oportunidades. Nada terminó. Pausas, estruendos, silencios, espacios libres, estrechos describen lo que puede ser "esa calma de un amor que ya pasó", en esa etapa, a la edad sesentona cuando quedan solas, quietas las palabras, los sentimientos apaciguados, hasta que vuelve, escribe, empezar de cero, de nuevo. y cuestionar, "qué tú estás haciendo de mí....". Una vez más, volvemos a amarnos sin barreras.
Acompañada por los delirios, la mujer de ojos color turquesa y largas acicaladas uñas color rojo subido, canta sus lamentos, sentirse engañada.
- ¿Por qué me pediste que viajara?
En el fondo se oye la voz de la/el novelista, "yo que estaba tan tranquila", y los timbres. No paran: un ding, otro ding y otro ding centran la vista, el deseo en la pantalla. Dos cuentos paralelos que no terminan, no se juntan. Las cámaras filmaron el choque, el viaje no se completó en aquel accidente.
"Estoy aturdida...." canta la Tellado.
Monday, February 16, 2015
6. Fuentes. Montevideo a Punta: un bolero de la Tellado
No se encuentra en el guión. Lo reenvió en un anexo electrónico que incluía los datos sobre la casa en José Ignacio, la sala y el timbre agudo y solitario que no paraba de sonar en el teléfono celular. Sobre su falda, el móvil. Al lado, la tableta.
Puro embeleso: neutralizada por lo que descubrió en el Porsche, desde el inmenso sofá y a través del ventanal, a lo lejos, la playa bañada por las olas, embestida la semana anterior por un inmenso vacío - las olas -, envuelta en la bruma, se disuelve en la espuma, alejándola más.
Decide apagar el bolero, se enredan ambos y otros personajes en un solo relato.
Puro embeleso: neutralizada por lo que descubrió en el Porsche, desde el inmenso sofá y a través del ventanal, a lo lejos, la playa bañada por las olas, embestida la semana anterior por un inmenso vacío - las olas -, envuelta en la bruma, se disuelve en la espuma, alejándola más.
Decide apagar el bolero, se enredan ambos y otros personajes en un solo relato.
Tuesday, February 10, 2015
5.Inquietudes. Montevideo a Punta: un bolero de acuerdo a la Tellado
Ding, ding fue el timbre que sonó cuando ladraron los perros de su padre en el teléfono celular. El Porsche destruido. El timbre del móvil, ladridos, y las sirenas de las ambulancias servían de banda sonora, fondo. La Tellado, "que estaba tan tranquila, disfrutando de esa calma, de un amor que ya pasó", cantaba, su bolero, su épica.
15 de febrero - (un año más tarde)
A las cinco de la madrugada en el norte (ocho a.m. montevideana), el café con leche protege - juega, quizás - contra el ruido del viento y el cambiante reflejo de luz, transformada por el baile de los copitos de nieve.
La tormenta le da voz a la señal de tránsito, el metal, su flecha negra se mueve y grita desesperada, "desvío"; emite un crujido a son de hierro y aluminio, el grito que se pierde en la frontera con el de placer, ante lo invasivo del temporal.
No era nieve lo que caía en la carretera ínterbalnearia. Era agua y vientos australes. El Porsche destruido. Su voz en la cama del hospital en Maldonado. ¿Montevideo?
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
- De su padre.
Espera, la nave del olvido no ha partido, del olvido, continúa dando vueltas en un recuerdo que no tiene sujetos claros. El brillo de la tableta descansa, espera por otro timbre para prender y seguir con su trabajo: responder a su sistema en virtud de lo que la Tellado le cante en cualquier momento, salir del estar aturdida. Ding.
15 de febrero - (un año más tarde)
A las cinco de la madrugada en el norte (ocho a.m. montevideana), el café con leche protege - juega, quizás - contra el ruido del viento y el cambiante reflejo de luz, transformada por el baile de los copitos de nieve.
La tormenta le da voz a la señal de tránsito, el metal, su flecha negra se mueve y grita desesperada, "desvío"; emite un crujido a son de hierro y aluminio, el grito que se pierde en la frontera con el de placer, ante lo invasivo del temporal.
No era nieve lo que caía en la carretera ínterbalnearia. Era agua y vientos australes. El Porsche destruido. Su voz en la cama del hospital en Maldonado. ¿Montevideo?
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
- De su padre.
Espera, la nave del olvido no ha partido, del olvido, continúa dando vueltas en un recuerdo que no tiene sujetos claros. El brillo de la tableta descansa, espera por otro timbre para prender y seguir con su trabajo: responder a su sistema en virtud de lo que la Tellado le cante en cualquier momento, salir del estar aturdida. Ding.
Sunday, February 1, 2015
4. Pantallas. Montevideo a Punta en otro bolero de la Tellado
Regresa a la pantalla. lee correos. El Porsche da vueltas, un grito. El acento porteño del esbelto y acicalado policía la despierta.
- ¿Se encuentra bien?
- ¡Aaahhhhh!
- ¿No puede hablar?
- ¡Aaahhhhh! Puedo.
- ¿De quién era el porsche?
- ---------
- El Porsche, ¿de quién era?
Despierta o no: el núcleo de la pregunta que se repite antes de añadir lo que sigue, lo verdaderamente importante, su próxima cláusula: estar viva.
- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- Sí.
-¿Dónde estoy?
- En una cama y desde esa ventana puede ver a Montevideo.
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
Pedro Almodovar retrata a Miguel Bosé en un hospital es la cita perfecta, un referente - quizás no, ¿fueron otros? -, un ahí está Madrid ante un - ¿dónde estoy? - dicho por quien esté postrado - postrada, ¿era una ella? - en la cama. Montevideo no es Madrid en todos los tiempos. Lo fueron en aquella noche cuando la voz de la Tallado cantó un bolero en camino a Punta del Este.
- ¿Se encuentra bien?
- ¡Aaahhhhh!
- ¿No puede hablar?
- ¡Aaahhhhh! Puedo.
- ¿De quién era el porsche?
- ---------
- El Porsche, ¿de quién era?
Despierta o no: el núcleo de la pregunta que se repite antes de añadir lo que sigue, lo verdaderamente importante, su próxima cláusula: estar viva.
- ¡Estoy viva!, estoy viva!
- Sí.
-¿Dónde estoy?
- En una cama y desde esa ventana puede ver a Montevideo.
- ¿Qué hago aquí?
- El Porsche, ¿de quién era?
Pedro Almodovar retrata a Miguel Bosé en un hospital es la cita perfecta, un referente - quizás no, ¿fueron otros? -, un ahí está Madrid ante un - ¿dónde estoy? - dicho por quien esté postrado - postrada, ¿era una ella? - en la cama. Montevideo no es Madrid en todos los tiempos. Lo fueron en aquella noche cuando la voz de la Tallado cantó un bolero en camino a Punta del Este.
Saturday, January 24, 2015
Machoerradas
Aquellas y otras mujeres tratan de convertir a los hombres en machos; con sus vaginas, primero, y luego con sus egos.
PEDRO LEMEBEL (1953-2015)
“Mi hombría es aceptarme diferente/ Ser cobarde es mucho más duro/ Yo no pongo la otra mejilla/ Pongo el culo compañero”
No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.
NOTA:
Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.
http://lemebel.blogspot.com/2005/11/manifiesto-hablo-por-mi-diferencia.html
"En muchos de sus trabajos literarios Lemebel recuerda a Manuel Puig y a Néstor Perlongher. Compartía con el primero la reivindicación de la "cursilería" como estilo posible...." (http://www.clarin.com/cultura/Murio-Pedro-Lemebel-escritor-diferencia_0_1290471172.html)
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