Saturday, July 14, 2012

Las Lecturas no Clásicas


Las lecturas son como las piezas de un conjunto de bloques de plástico; se pueden armar de múltiples maneras para formar el todo que uno desee. La totalidad del significado se la da el lector. No resultan en líneas rectas que forman cuadrados o rectángulos. Resultan de las ideas que el lector encaja entre las ideas del texto, formando un todo, un nuevo todo cada momento. El argumento sobre los clásicos, el canon, no es tanto sobre los mismos, sino contra el que se pueda descubrir en otras lecturas algo más que los clásicos no dicen.

Plan Didáctico Para una Carta


- Por favor, traten de escribir con propiedad y corrección Sigan las reglas de ortografía, sintaxis, estilo. Si van a escribir cartas personales, deben escribirlas a mano; y así mantienen cierto sentido de intimidad, una de las grandes diferencias con la correspondencia comercial. Aunque el aumento de la presencia de ordenadores en los hogares está haciendo que se pierda el escribir a mano, las cartas manuscritas se acercan más al lector. Escriban en cursivo. Los sobres también deberían llevar las señas en cursivo. En este tipo de cartas podemos expresar sentimientos, vivencias y temas que están totalmente prohibidos en la correspondencia comercial.
El papel deber ser blanco, aunque se permite la utilización de algún color pastel muy clarito. Solamente los adolescentes pueden usar papeles de colores y adornos más atrevidos. Queda descartada la utilización de papel cuadriculado o rayado. Deberá ser liso y preferiblemente mate (los papeles con brillo son molestos para leer). El papel deber ser de cierta calidad, evitando utilizar ese papel fino tipo "cebolla". Los tamaños más utilizados suelen ser el folio (21,5 x 35) y el DIN A4 (21,5 x 29,5), muy popular gracias a las fotocopiadoras e impresoras.  
                                                       
El sobre debe ser del mismo color y material que el papel, así como de su misma calidad. Hasta mediados del siglo XIX no se utilizaban sobres. Se doblaban y se ponía un sello de lacre. En la actualidad a ciertas invitaciones también se les pone lacre, para darles un toque especial. El formato más utilizado es de 22 x 11,5, en el que cabe un DIN A4 y un folio, que son los papeles más utilizados. No utilice nunca sobres de ventana, para la correspondencia personal.

Las partes fundamentales a tener en cuenta en una carta son: encabezamiento, saludo, cuerpo y despedida. El tratamiento a utilizar dependerá del grado de familiaridad o amistad que tengamos con el destinatario de la carta.
¿Alguien quiere leer?

- Querida madre,

             Por su culpa estoy en esta prisión sin posibilidades de liberarme de las rejas que me atrapan en la misma, paso el tiempo estudiando los modelos que nos proveen Gili-Gaya y otros señores que nos asigna la profesora de escritura.

            Tan aburrido como un cangrejo, tristemente,
            
            Su hijo,......

- ¿Te sientes preso en el City College?

- Usted nos dio como modelo a José Luis González y por eso…..

Moneró y las Cosechas de Montreal


(Dedicado a todos los que conmigo han disfrutado de muy buenas cosechas)

Principio de los años cincuenta: Asistía de acompañante, chaperón de mi hermana y su novio, a los bailes que se daban en los clubes frente a la playa de Salinas, al mar Caribe. Bailábamos a los acordes de la música de José Luis Moneró y la orquesta de rigor de aquel entonces.

- Querido, ¡qué bueno que disfrutas de la nostalgia y de esa memorias que evocan palabras de mujer…

Los dos miles: Desde aquellos tiernos y armoniosos momentos la música ha servido, no solamente, de vara que mide mis gustos en un momento dado; reflejo de mis estados anímico-románticos. Sensibilidad e historia. De José Luis Moneró me moví al rock and rol, la nueva trova, la música de disco, el “new wave” de Philip Glass, la barroca europea, hasta de nuevo regresar a José Luis Moneró. (Espero no terminar con canciones de cuna) El Moneró de ayer me integraba a la estética de los años cincuenta. El de hoy me sirve de puente entre mis deseos y los amores de ayer.

- ¿Qué tú crees?¿Por dónde andarán los que están vivos? ¿Qué será de sus vidas?”

Frente al mar Caribe bailé, y hoy, un mural del mismo mar en un bar en el barrio Plateau Mont Royal de Montreal, a los acordes de música caribeña, los nuevos románticos de las sociedades industrializadas del norte, me sirven de fondo y figura para reflexionar sobre los significativos otros. El Caribe se convierte en la última frontera de los nuevos románticos, no de los originales, de los que hoy sufrimos las consecuencias de los originales.

El Caribe no es realidad geográfica, es signo de una nueva estética, un estado de ánimo. Al ritmo de reggae o salsa en algunos bares de Montreal, cargados de motivos tropicales, los nuevos Gauguin se mueven a las costas Caribeñas vestidos de contra-cultura, residuos de los sesenta, críticos de los turistas tradicionales, a encontrar el neo primitivismo.

- Nene, esta cosecha me lleva del bolero al reggae al bolero.  

Al igual que el pintor, regreso al pueblo, no a los quinceañeros, bodas y bautizos ni tampoco en busca de sueños de turista neo primitivista. Regreso en busca de mis viejas amistades, los que se quedaron en el pueblo. Me oyen y callan ante los silencios. Otros, los que se fueron a estudiar a la universidad, me evitan: se visten de guayaberas, arquetipos, casados, padres de nenes y nenas muy monos, viven en las mejores urbanizaciones del área metropolitana de la ciudad capital: San Juan. Mis preferidos, que son muy pocos, se mudaron a Santa Rita en Río Piedras, barrio de intelectuales y artistas o al igual que tú, a Paris. Yo, me mudé a Nueva York, me dejé crecer los pelos, marché en los desfiles pro derechos de los homosexuales, viví en comunas y no me pongo guayaberas. Ellos, los que se quedaron en el pueblo, distinto a los neo-románticos, ni oyen música, ni a Moneró.

-Te juro que la próxima vez compro más de esta cosecha, evoca sin presiones.




Friday, July 13, 2012

Postales y Electrónicas


Las siguientes citas fueron tomadas de las tarjetas postales que por años enviaba Toñito desde distintas partes del planeta. Hoy me envía correos electrónicos. Es un hombre gai, clase media, esteta a la última potencia. Anda detrás de museos, conciertos, divas y en busca de un amor que nunca aparece. No para de preguntar por qué, fuera de mis viajes a Ponce o Caguas, no quiero salir del pueblo:

"Los barceloneses hablan de la cultura y los madrileños, de ellos. Sevilla es de gritar. Besos"

"Barcelona, Gaudí, Tapíes y Yo. Besos"

"Elegí crecer. Besos"

"Anoche conocí a una modelo puertorriqueña en una fiesta en el Rive Gauche, está triunfando. El portafolio es su testigo.”

"¿Qué viste una representación de la Bernarda Alba en Caguas?”

“¡Mueres! Yo, en Aviñón, tuve la dicha de ver a la Jeanne Moreau en La Celestina, dirigida nada menos que por el Antoine Vitez. De aquí a Paris. Besos"

 "En París siempre hace frío. El gringo con quien vine me dejó varado por un español. La madre patria se va con el padrastro y me dejaron huérfano de amor. Deseo regresar. Llamé a Germán, otro latinoamericano más exiliado en París. Parece muy romántico estar exiliado en París. En los Estados Unidos no te dejan ser un exiliado, terminas siendo una minoría. Anoche toda la ciudad de las luces estaba en la calle. La tele estaba en huelga, en solidaridad con los camioneros, quienes no estaban en huelga pero que necesitaban demostraciones de respaldo en caso de ellos optar por irse a la huelga. ¿Y sabes quiénes iban al frente de la marcha? Nada más y nada menos que la Beauvoir y el Sartre. Por poco grito de la histérica emoción. Me controlé, por supuesto. Mañana regreso. Besos."

"La cultura me mata. En México está media colonia de intelectuales puertorros. Besos"

“La Callas, Zefirelli, Paris y yo.”

 “¿Goya en Ponce?

"Los mexicanos hablan como si su historia hubiese empezado antes de la conquista. Ni que fuesen aztecas. Hello, is somebody there?".

“Buenos Aires está lleno de paraguayos. Cuando regresé a Niuyor, me encontré con las supuestas amigas que  fueron conmigo a San Juan. ¿Te acuerdas de ellas?. Ahora viven en SoHo.  Bien chic. Cuando las vi me llenaron de besos y elogios hasta que les pedí la dirección para visitarlas, me cambiaron de conversación más ligero que rápido. Otro hombre gai que les sirvió de payaso. Fue por eso que la Capote escribió su libro sobre unas supuestas amigas. A delatar a todas las boderline faghags.  Son igualitas a la sigificativa otra, la que escribió hasta su tesis con mi ayuda individualizada. Y luego, a mi casa no. Los hombres gays tenemos que ser más cuidadosos con las hetero. Lo dijo Parra, ‘usa te usa”. Oh, dear!”

"El museo de antropología no es sobre el México de ahora. La María Félix sí lo fue. ¡Qué cara! Besos"\

“La Fernández sigue coloreando su emociones."

“Hablando de signos. Tienes que leer el Discurso del Amante de Roland Barthes. Besos"  
"Últimamente estoy en la onda del sarcasmo tajante. Debe ser el momento en que me encuentro en la terapia. Terapia primigenia. En un opening en Tribeca, con un trago en la mano, le respondí a una señora que me preguntó si era tímido, - no sé socializar -, luego callé por un segundo, arqueé mi ceja derecha, la miré atentamente, sonreí sin enseñar los dientes y continué, - solamente puedo construir jerarquías intelectuales, ser sarcástico, morir de pie -. La señora, a través de una sonrisa rectangularmente perfecta, gimió un casi ladrido gutural de simpatía programada. Formé una curva con mis sutilmente apretados labios, me excusé y seguí tomando. Al otro día amanecí con una resaca de madre. Patético. Me pedí perdón. Todo sea por los modales y los signos."
“íNoo! ¿Se casó la Pepe? Si era más partido que una reinita de jardín. OMG. Ese pueblo ahorca.”


Marianela Revierte *


- Un buen movimiento de nalgas embelesa al más piadoso. A mí, bueno, me calienta hasta el alma: sudo, me babeo, tiemblo y deseo. Reacciones nada apropiadas frente a una maestra, sensual, cadenciosa, trigueña de ojazos negros, picaros, fascinadores, ámame mucho que así amo yo, sentado en un pupitre de dimensiones más pequeñas que las que cuerpo grueso puede aguantar. Se creen que todos los estudiantes somos flacos y chiquitos. Estos asientos son para japoneses. ¡Qué calentón!

- La lectura nos debe llevar a nuestras propias inquietudes, deseos, represiones.

- Sus caderas, nalgas, ondas del pelo, cuello, cara, piernas, brazos y delicada mano acompañan los movimientos de la escritura en rápido desenlace y revelación de oraciones, frases, palabras, letras redondas, curvilíneas, ovaladas, rectas, en una pizarra medio destartalada, hasta llevar a los estudiantes en plena explosión hormonal a perder su cordura y fracasar en la lectura: adivinan, predicen equivocadamente.

- Lee en voz alta.  Atiendan.

- ¿Por qué se pondrá esas faldas de ligero algodón, fácil en su relación con la brisa? !Ay, ay!, que el viento no le de frente. Ni que le dé con acercase a mi pupitre. Esos risos sobre mi cara, esos labios sobre los míos, ese tono hablándome en palabras llanas, agudas, esdrújulas, sobre-esdrújulas, eufemismos, metáforas, onomatopeyas.

- Por favor atiende. Deja de estar hablando con el vecino. Marianela, nombre común en el siglo diecinueve. El buscar fragmentos textuales que sostengan sus argumentos es tarea fácil, defenderlos requiere mucho más que hablar bien bonito. Marianela provee suficiente material para identificar cada una de las palabras y recursos estilísticos asignados. Marianela. El autor, Benito Pérez Galdós, logra un efecto conmovedor, sensual, sobre el lector a través de una trama triste, romántica, anti climática.

- Bendito Benito. Por su culpa tengo que estar aquí esta hora completita y con esa mamasota de frente. ¡OK! No te gustan las muchachas, ¡pero esa mamasota!, ¡uau!. Suerte que es el último periodo y pa’ casa como alma que lleva el diablo. Me pone mal con esa ondas volando cada vez que se voltea, como se mueve y acompaña sus ritmos de puertorra bien sembrá’. !Ay, Dios!, dame paz, que no aguanto.

- Pérez Galdós logra realizar un profundo escrutinio en el corazón de sus personajes.

- Qué difícil es leer sin uno delatarse, adelantarse. Imposible. Por ahí viene. ¿Qué hago ahora? Me tapo con la libreta. Que no se agache más, que se quede tiesa o yo exploto. ¡Qué me importa lo que digan de ella! Me ahogo en mí mismo. Pa’l carajo, no aguanto. ¡Coño! Y que desperdiciar esas curvas con otra mami. No aguanto, no aguanto. Ahí. Implosión biológica. Se me jodió el pantalón. ¿Y qué digo en casa? Maldita sea Marianela. ¿Y tú, qué  miras?


*Tomado de la (mi) colección de relatos: Crónicas de Revertidos y Travestidos.



Trans Caribbean

No había cangrejos corriendo por los corredores de la difunta línea aérea Trans Caribbean, ni vulgar chusma escandalizando los valores pequeños burgueses de las urbanizaciones de clases medias puertorriqueñas o sus “uropeizados” intelectuales en los pasillos de Humanidades en la UPR. Viajamos desde Puerto Rico a Nueva York en el avión de la mítica línea aérea, personas respetuosas y con muy buenos modales en busca de diferentes horizontes. De parte mía dejaba la vida sofocante y opresiva de un pueblo pequeño de la isla donde la homofobia era pan nuestro de cada día. No me iba por razones económicas. Había terminado la universidad y oportunidades de trabajo se encontraban por doquier. Me fui porque la homofobia, abierta o latente, no permitía una vida tranquila. Nadie quiere salir a la calle con la expectativa de que alguien se va a burlar de ti o quizás atacarte físicamente. Nadie escoge ser homosexual. Se escoge con quien tienes relaciones sexuales.

Me fui de la isla en el sesenta siete, a los veinte y tres años, y tuve la enorme suerte de poder vivir el sesenta y ocho en Nueva York: el de las protestas en las Universidades de Berkeley, Columbia, City College, el de los Young Lords y Black Panthers, El Comité del UWS, las marchas contra la guerra y a favor de los estudios étnicos. Allí me enteré de que los contenidos de los cursos no consistían en verdades universales, que las historias estaban sujetas a intereses que iban más allá de lo académico, que muchas historias distorsionaban y excluían, que había que demandar que la historia, la tuya, la mía fueran estudiadas, discutidas, documentadas. Allí aprendí que no podía separar la colonización nacional rampante que viví en PR (véase otros escritos en este blog sobre ese tema)de la colonización destructiva que vive el homosexual. Allí me doy cuenta de que si yo no escogí ser homosexual porque tenía que sentirme mal.

Cuán linda y paradisiaca puede ser la adolescencia dicen algunos. Cuán triste la alta tasa de suicidios entre jóvenes adolescentes con inclinaciones homosexuales. No me suicidé, pero lo pensé. Tendría alrededor de catorce años cuando por primera vez descubrí que sentía una atracción especial por los hombres., hasta reconocer que lo que sentía era una atracción sexual. Horror fue lo que sentí. De noche no sólo le pedía a Dios que me quitara “eso”, sentía el terror de ser descubierto, y allí empezó mi cuerpo a llenarse de llagas, a sufrir de problemas estomacales, a pretender que me atraían las muchachas, a llorar lleno de miedo mientras le pedía a Dios que me quitara “eso”. Nunca me lo quitó.

En Nueva York las discusiones religiosas no se limitaban a los discursos de reverendos de pandereta o sacerdotes ensimismados en ritos medievales, mandándote a quemar en el infierno. En Nueva York, al ponerme de frente los planteamientos de otras tradiciones religiosas sobre la condición humana, aprendí que mi naturaleza incluía la capacidad para desear hombres y que esta capacidad evolucionaría de la misma manera que ha evolucionado la especie, los individuos. Ningún adulto percibe el mundo como lo percibe un bebé.

Aprendí que no todos los católicos interpretan las palabras de Jesús de la misma manera, que no todos los reverendos de pandereta gritan y te mandan a quemar en el infierno, que ser ateo no excluye el poder ser un gran ser humano, que no todos son profetas, que ser un ser con creencias espirituales no te obliga a estar aceptando religiones sin criticarlas, y que para encontrar tu identidad como parte de un pueblo no tienes que acostarte a lo personaje en Pollito Chicken con otro miembro de tu propia etnia. Amén.




Thursday, July 12, 2012

Las Mareas

La brisa, la sal del mar, la humedad aumentaban el deseo de caminar, hablar sobre política, filosofía, todo menos dar clases. A lo lejos, la marea del Mar Caribe se llevaba el compromiso que se requería para impartir conocimientos a más de treinta niños con pocas ansias de estar allí aquel agosto caluroso, húmedo, salado.

Primera tarea de los estudiantes: escribir el encabezamiento en sus libretas, nombre y apellidos, grado, nombre de la escuela, nombre del maestro, año escolar. Las únicas tareas que, después de repetirlas por tres años, no requerían mucha supervisión. Para la mayoría, los que nunca habían fracasado desde su primer grado hasta el tercero de sus vidas en aquella barriada de pescadores, era tarea rutinaria, año tras año; otros, los menos, un grupo selecto, los que tardaban hasta cinco o seis años en completar los primeros tres grados de aquella escuela de dos aulas, esperaban que el maestro se le acercase y les señalara donde escribir qué, copiar qué, cómo. Algunos extendían sus manos en espera por la de del maestro para guiarle las suyas hasta formar cada letra, palabra.

La marea regresaba dando golpes, botando espumas, rugiendo, apropiándose del terreno que era suyo, desviando la vista de los niños hacia el inmenso mar y los botes de los pescadores, sus padres, sus hermanos, su futuro. Para los estudiantes, era preferible continuar con las vacaciones de verano a tener que oír al joven maestro, recién graduado de escuela normal, encorbatado y enchaquetado – vestuario exigido por el súper centralizado y burocratizado sistema de instrucción pública.

La primera tarea del maestro: dar instrucciones sobre libretas, libros materias, responsabilidades, asignaciones. Los estudiantes hubiesen preferido jugar, pescar, broncearse a tener que estar sentados en los treinta y pico de pupitres, organizados en filas, apuntando todos en dirección a la negra y recientemente pintada pizarra.

El trabajo de maestro, con tantos estudiantes de niveles tan variados, no era labor para un novato de dieciocho años y mucho menos para quien deseaba conocer el mundo y no terminar encerrado en un caluroso salón de clases. O trabajar de maestro o terminar en una fábrica eran las únicas opciones que se podían explorar, no se conocían otras posibilidades para un joven pobre en aquel pueblo al que pertenecía la villa de pescadores. Ciencias, ingeniería, teatro, letras eran carreras que los muchachos de las clases medias y altas podían explorar. Para los pobres, poder ir a la universidad era un lujo; estudiar por gusto, una extravagancia. El magisterio aseguraba un puesto inmediatamente.

 La pizarra se iba llenando de palabras, frases, oraciones, ejercicios. Los niños seguían instrucciones, alzaban la mano, miraban hacia el mar, sonreían. La calma del mar llegaba cuando la marea regresaba, se acercaba a sus orígenes, y bañaba el cascajo que cubría la playa caribeña, los residuos de conchas, redes de pescadores, cabezas de pescados. Una playa sin las arenas blancas de postales para turistas o anuncios al idilio de resorts con todo incluido.

El bochorno de la tarde disminuía las habilidades intelectuales de los estudiantes, aumentaba el sudor y ofrecía la mejor oportunidad para cubrir las asignaturas fáciles: arte, música, educación física frente a la escuela, en el patio que separaba la escuela del pantano donde se encontraban las casas de los pescadores. Una carrera, un salto en la cuica a las dos de la tarde bajo un sol incandescente puede matar al más fuerte de los hombres criados en otras latitudes, no en el poblado conocido como Las Mareas. Sus pescadores vivían y trabajaban bajo el sol, no conocían otros climas. Sus hijos tampoco.

El recreo: las caras de felicidad les delataban. No tenían ni que multiplicar manzanas o peras en los libros de ejercicios matemáticos, publicados en países con climas donde se podían sembrar frutas distintas a las que ellos conocían: los cocos, quenepas, hicacos, uvas playas. El recreo les permitía poder correr y saltar en el patio. Tampoco tenían que contestar preguntas de comprensión sobre hadas madrinas o niños con padres blancos y rubios vestidos con camisas blancas y corbatas.

La tranquila espuma que servía de borde entre el cascajo de la playa y el verde esmeralda de las aguas se fue alejando hasta enrolarse en si misma y regresar cargada de una abundancia y volumen de agua que se llevó consigo pupitres, libretas, pizarra, escritorio. La cara de asombro del joven maestro sirvió como excusa para que uno de los estudiantes más atrevidos le dijese, “Mister, por eso el otro maestro no abría las puertas, por la tarde el mar siempre hace eso. “

Un juego más; el mar se unía al grupo de estudiantes y al maestro del pueblo, vestido como los papás de los libros de texto.