Tuesday, June 5, 2012

Dos Loquitas y un Jibarito

No le importó, quizás, no le pasó por la cabeza, que sus sujetos eran dos hombres cuarentones, que si estaban vestidos demasiados juveniles no era debatible; tampoco era razón para referirse a ellos con el diminutivo, “loquitas”. Partidos son, delgaditos, vestidos con ropas entalladas, a la moda aunque se jodan, recortes al borde de Ricky Martin, y con tatuajes.

Lo de parecer modelitos no le da autoridad a una casi closet lesbiana, o bisexual, o feminista que experimentó con mujeres por ser muy liberal, o no sé qué es. Le gusta jugar con su identidad sexual y usarla para propósitos mas allá de lo político o sexual, (vuelvo y repito) no le da autoridad para referirse a ellos como loquitas. Llenó la copa. La nena que marcha en pro de los derechos de todos.

Tanto discurso freiriano de alfabetizadora de barrios y pueblos enteros para terminar delatándose con un,”te vi cuando ibas con las dos loquitas”. Dos loquitas que molestan con su carácter amanerado, delicado, finos, de muy buenos modales, nada agresivos; que molestan a las feministas tipo profesora dogmaatica de literatura anti-colonialista, la que gusta de los hombres “bien machos” y a la estudiosa de Freire y a otras u otros cuya liberación es a medias.

Así de clarito lo oí en la ciudad de Nueva York, un día tal del corriente año. Dos loquitas: los mismos diminutivos que se oyen en otros lugares, con otros referentes: la negrita de Santurce tiene sobre cincuenta años, es una profesional en todo el sentido de la palabra y mide más de seis pies. El jibarito es un agricultor con muchas décadas de experiencia.

Diminutivos muy distintos a los que acarician: el cafecito o el juguito; muy distintos de los que disminuyen: el patito, negrito, indiecito, muchachita, muchachito, culito.

Loquitas, los tres, y dos eran jibaritos.


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