Saturday, March 25, 2017

CÓMO PREPARAR UN SANCOCHO

Tenía invitados a cenar, un sábado de primavera neoyorkina, un buen sancocho. Me faltaban unos ingredientes y antes de regresar al colmado, puse un hueso de res a cocinar en fuego lento para usar el caldo en la preparación del plato muy criollo. La carne la tenía en la nevera; curándose con sal, pimienta negra y jugo de limón. El sofrito estaba listo y había conseguido yuca, yautías amarillas de Martinica, una malanga bien violeta, un apio colorado, papas bien granositas -nada que ver con las babosas Idaho-, y una calabaza caribeña porque las del norte son muy aguadas. Tuve que salir a comprar ñames y plátanos; los que tenía en casa estaban jojotos y apolismados. Todo en marcha hasta que me encontré en el patio de mi edificio con tres de los vecinos latinos (inmigrantes, intelectuales de fin de semana y activistas de salón; mestizos, mulatos, morochos no-puertorriqueños, que tuvieron que abandonar sus países ya que sus líderes no los habían incluido en sus proyectos nacionales), discutiendo sobre la colonización de los puertorriqueños; querían saber mi opinión sobre el asunto. Les dije que no podía, que no tenía tiempo, porque se me iba a quemar el caldo para el sancocho.

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