Thursday, June 15, 2017

CHELSEA (1969) TRES O CUATRO BLOQUES

Chelsea era un barrio esencialmente obrero, y con una comunidad numerosa de puertorriqueños. Allí estaban sus fondas, la emblemática Taza de Oro; sus bodegas, panaderías, y alguno que otro  cuchifrito. La Catorce era centro de españoles; y el Village entre Séptima y el Hudson, lleno de trattorias, mom and pop coffee shops y pizzerías de vencidario, no era el barrio burgués en que devino luego.

Chelsea no era una meca gay como tal, fuera de tres o cuatro bloques entre la calles Quince y la Veintidós donde residía un grupo de gays puertorriqueños recien llegados de la isla, y alguno que otro bohemio gay-friendly. Graduados de universidades en Puerto Rico, estudiantes de diseño, costura, arte, teatro, pedagogía, el yo libre como tema, caímos juntos por casualidad en el Chelsea pre-musculoca. Chelsea nos empató.

Los nombres están por ahí: en memorias, lápidas, casa de modas en París, asilo en San Juan, antologías, campuses, condominio en Hartford, galerías de arte, viudos, divorciados, barricadas, marquesinas y sillones. Algunos volaron a otros lares, tantos destruidos o transformados; muchos mucho exploraron, conocieron, levantaron estructuras, modelaron, bailaron, marcharon y jodieron.

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