Wednesday, October 18, 2017

BOLERO #24: CULPAS (MONTEVIDEO A PUNTA EN VOZ DE LA TELLADO)

Inaudible, casi inaudible, rogaba: "Perdón, si es que te faltado" -desgarrados sus llantos, lleno de dolor, de rodillas frente a un altar dedicado a ella.

"Perdón, cariñito amado": respondía, sin fijarse en ninguna imagen en particular, embelesada, pasaba las páginas del álbum de fotos dedicado a él, y solo a él; a su gran bolero.

"Si tú sabes que te quiero": confesaban, en dúo.

Anhelos y esperanzas se vieron casi perdidas durante lo intentos anteriores cuando Daniel Santos y Orlando Contreras trataron de calmarlos. No lo lograron; no pudieron satisfacer las ansias de los amantes y las del autor; y el culpable fue Daniel.

Su muy particular estilo de lumpen arrabalero los desconcertó, poco amoroso, nada convincente; diluyó el perdón que tanto querían oír, sin las caricias o matices que comunican la vulnerabilidad sentida por todos los que deseaban la reconciliación, "que es todo lo que ansía mi pobre corazón".

Otros interpretes, durante las mismas tormentas en Punta y en Manhattan, obsesionados con una única ilusión, amar de nuevo, mantuvieron viva esa fuerza interior que se teme pueda desaparecer; esa que en un momento, cuando no hay la remota posibilidad de volver a ser un solo cuerpo, dos en uno, no desaparece por completo; la fuerza que "dentro, muy dentro" lleva a los amantes, el autor, los boleristas a profesar el amar sin condiciones; la fuerza inexplicable; la que quizás es el amor en su más puro estado; esa que logra que los amantes continúen por la "vereda tropical", hasta encontrar a aquellos que posiblemente podrán ayudarlos a empezar de nuevo; la fuerza que "ansía -su/mi- pobre corazón".

Marc Anthony y Ednita Nazario, menos soberbios que Daniel Santos, más sublimes, ayudaron a recuperar los anhelos, la esperanza; aliviaron "el intenso vacío", la inquietud del pobre corazón que "todo lo que ansia cuando ama" es pedir perdón.

- Perdón nunca nos ha faltado. Vida de mi vida, perdón
- Te amo. No puedo seguir si ti. No me quedan fuerzas.

Los dúos acompañan los delirios del apuesto galán, el que, a pesar de tantas veces oír las distintas versiones del perdón, sigue sintiéndose engañado:

-¿Por qué me llevaste hasta Punta del Este, si sabías que vos no me querías? Mentiras, puras mentiras, tus correos eran puras mentiras.

Y así una vez más, un romance, separado por miles de millas de distancia y entornos, el cual, al igual que en el primer capitulo del mismo -siempre cantado, contado a dúo-, puede que tenga un final feliz o puede que, para los enlodados en lágrimas, desbocados en risas, se repita, o que encuentre otras versiones de un mismo bolero.

-Estoy aturdida, el Porsche, ¿dónde está?

El autor, la novelista en voz ajena, los amantes, bolerista, todos juran que jamás nada, ni nadie los separará; que "adorar ansía", y "como en un sueño", se dejan, atreven pedir "perdón, vida de mi vida".

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