Wednesday, December 10, 2014

Teorías para blogueros: Los escribanos de Loén

"En 1965, Suárez Araúz, en un lugar perdido —nunca el vocablo fue más preciso— de la Amazonía boliviana fue testigo de la exhumación de un inquietante hallazgo. Al excavar los cimientos de la primera iglesia de Loén, tal el nombre del perdido lugar, para reforzarlos, se tropezó con una canoa de madera incorruptible cubierta con una lámina metálica. El objeto (bastaría “olvidar” la “b” para que la “barca” se convierta en “arca”) había sido enterrado para proteger, durante las represalias indígenas, las reliquias  de la iglesia y los libros guardados de sus depósitos.
Entre esos libros —por supuesto— estaban, intactos, los 22 volúmenes producto de la “ociosidad hacendosa” de los escribanos de Loén del siglo XVI y, para mayor fortuna, un volumen complementario debido a un “incorregible diarista” que da cuenta de por qué y cómo fueron escritos.
Estos escribanos —según las Relaciones y comentarios de Gonzalo Mendoza de Arroyos (1538-1600), un cronista contemporáneo a los hechos— tenían como tarea la transcripción de las crónicas históricas de la región de Loén que les eran dictadas por su Oficial Mayor Abelardo Núñez de Arce.
Éste se ausentó a España en vista oficial. Su ausencia, sin embargo, se prolongó varios años porque habiendo naufragado en el mar Caribe fue esclavizado por los aborígenes de una isla. Durante su ausencia, los escribanos, sin la dirección de su Oficial Mayor y ante la ausencia de material para su oficio, cayeron en el pasatiempo de crear juegos lingüísticos que después compilaron bajo el título de Altas cosas.
El diarista menciona algunos de los procedimientos utilizados por los escribas en sus juegos lingüísticos: utilizar en sus escritos solo partes individuales de la oración, verbigracia solo artículos o solo sustantivos; escribir solo el verso final de supuestos poemas después de haber imaginado todo el poema; redactar un escrito o componer un poema y a su lado otro con los precisos antónimos de las palabras del primero; ingeniar escritos en que el dicho y el hecho en la lectura fueran el mismo acto... Para satisfacción del curioso lector, estos textos, que los escribanos titularon Komas o Cartas a la amnesia, están transcritos, a su vez, por Suárez Araúz en Cartas a la Amnesia y Los escribanos de Loén."
(http://la-razon.com/index.php?_url=/suplementos/tendencias/Nicomedes-Suarez-Arauz- Cocina-amnesia_0_2157984291.html)

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