Monday, December 24, 2018

MUJERES BLANCAS PRIVILEGIADAS EN UNA FONDA DE LA PLACITA

 “La raza no existe, pero el racismo sí” 
   (Julio César Guanche, 80grados.net)

La raza (una idea que no tiene mucho fundamento científico), mas bien, el color de la piel (más fácil de hacer, aunque igual de iluso), de tu piel, sirven para determinar los grados de privilegios que tienes en la sociedad;  fundamento de la asociación que explica porqué la anfitriona en el restaurante caro y con fama me recibió con una sonrisa cuando una hora antes hice la reservación y con cara de malgusto cuando llegué con mi ex compañera y sus dos hijas de piel color negro. Luego, las dos jóvenes incluyeron en su queja a unos cuantos comensales: las miraron con cara de pocos amigos. La tres mujeres politizadas y educadas por la historia y la academia, en cuanto al trato que se le dan a las distintas razas -en oposición a los que no quieren aceptar de que vivimos en sociedades estratificadas por color,  sexualidad, géneros, dinero- se dieron cuenta de lo que estaba pasando y dijeron” “we do not like the energy here”.

La literatura que cubre los planteamientos teóricos, históricos, sociológicos, económicos y mentales que subycen el racismo sostiene que los “blancos” (entre comillas porque ser “blanco” en la República Dominicana o Puerto Rico no es definido necesariamente con los mismos criterios que son usados en EEUU o Europa) tienen privilegios (se cae de la mata) que los negros no tienen;  muestra y comprueba con estudios de campo cómo se otorgan u obtienen ese “poder sublime”; incluso, relata casos de personas que hasta se despintan la piel para que no los identifiquen como negros, y en oposición, otros, cuyo fenotipo los permite identificarse como blancos, al estar conscientes de su ascendencia africana, no se incluyen en esa categoría "racial".

Aquellos a los que la historia nos ha curado de espanto en cuanto a la discriminación, rechazo, por ser pobre, de los cerros, por ser gay, por ser puertorriqueño en los EEUU, podemos -si lo ponemos de frente sin hipocresía criollas-  entender el fenómeno, estudiándolo y no cayendo en falsas blancuras (los Cartagena por parte de mi abuela eran más prietos que el café, y decían que eran indiectos. Sí, Pepe!)

Como tal, de haber sido una mujer blanca la que entraba al restaurante -donde yo había ido unas cuantas veces-, la anfitriona hubiese sonreído. Nos fuimos y comimos (las hijas con cara de mal gusto o vergüenza ajena) en una de las fondas del mismo barrio, donde la integración se da casi por osmosis y sin complicaciones frente a una buena mixta. 

No comments: