Tuesday, April 14, 2020

CUARENTENA DE LOS MEDIOS

Mi amiga setentona no puede ordenar al supermercado porque no tiene tarjeta de crédito. Además, ella jura que está “escaerá”. Por suerte, un sobrino le hace la compra. Yo no ordeno porque prefiero aprovechar la ocasión; dar una caminata y salir del encierro. Casi nadie anda por la calle. Nada nuevo, nunca hubo mucha gente caminando por las calles de Santurce, ahora hay mucho menos; hasta llegar a la esquina poco atractiva, donde está el supemercado más grande de la zona, y ver las filas kilométricas de gente esperando para poder entrar. En cambio, al que voy, localizado en una avenida muy chic, especializado en productos orgánicos y gourmet, van menos clientes y la espera es bien corta. Dejar entrar primero a los mayores de cierta edad ha sido naturalizado en algunos comercios, bancos y el gobierno, dando paso a que el guardia de seguridad me diga: “Puede entrar”. Compro. Salgo y la gente regresa a sus carros. Camino, sudo, paro, sigo, cruzo fronteras de barrios, llego a casa, pongo las bolsas en el piso, descanso, desempaqueto y desinfecto, llamo a mi amiga. Ella protesta porque no le trajeron las especias para el sofrito. Mi dieta no lleva sofrito. Es más sencilla, menos elaborada, no puedo cargar todo lo que se necesita para cocinar lo que mi amiga pensaba preparar: un buen arroz con pollo. Cuestión de medios. 

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