Wednesday, June 24, 2020

THE CCNY WORKSHOP CENTER: FROM A PLACE OF INTEGRATION TO A "SAY WHAT"

La educación -como el lenguaje- es un proceso orgánico, natural, nos humaniza. La escuela ayuda en ese proceso, o a entenderlo y manejarlo o a convertinos en máquinas observables, medibles, robóticas. 

Los estudiantes del muy reconocido profesor de pedagogía y ciencias tenían que, como primera actividad en su clase, pasear por el salón, el ambiente rico en recursos y posibilidades, observar, compartir ideas, y luego, escribir una hipótesis que “fuese una hipótesis”, discutirla, y analizar las posibilidades de continuar investigando lo propuesto, los valores intrínsecos del "constructo" científico, sus fundamentos, y cómo pulirlo, o cambiarlo.

Una vez terminada la cuarta sesión, dedicada a esta discusión y preparación, los estudiantes comenzaban su muy programada investigación. Este enfoque pedagógico, dedicado al manejo de conceptos tales como "hipótesis, métodos, conclusiones", y al inicio de los estudiantes en el estudio de algunos conocimientos científicos, tenía algo que no cuadraba con la institución, ya que, usualmente, ese estudio comienza en el séptimo o noveno año de escolarización en las escuelas secundarias.

Dado aquel entorno, que había sido dedicado a la exploración de educación como derecho fundamental de todos, integral/activa en la escuela primaria, por qué enfocar en el método científico, si los estudiantes de escuela primaria no discuten hipótesis, ni métodos hasta -de hacerlo-, quizás, su quinto año escolar. Si ya ese tema se ha cubierto durante tantos años pre-universitarios, y si esos estudiantes tienen que tomar clases de biología, física y química, ¿por qué este contenido estaba siendo repetido con los estudiantes universitarios que se preparaban para enseñar en primaria? La contestación a estas preguntas incluye:

- dicha asignatura como tal en pedagogía y educación primaria es un paquete académico-político;
- muchos de los estudiantes no manejan conceptos y procedimientos científicos que debieron ser aprendidos en su escuela secundaria;
el profesor en la universidad no podía enseñar a esos estudiantes sobre el investigar -fuera del saturado modelo científico- en sus múltiples posibildades; incluyendo la inspiración y revelación. Enfocado en procesos medibles, ponerlos a conocer fenómenos particulares ya cubiertos en años anteriores resultaba de que ėl no sabía explorar ni juzgar cómo esa integración de saberes y posibilidades refleja los modos que los estudiantes usan para conceptualizar su mundo, lo estudiado, y cómo los integran y organizan durante sus búsquedas del conocimiento.

En aquel inmenso salón, con su variedad de recursos, recreación de un ambiente educativo rico en materiales, los estudiantes estaban limitados a sus proyectos individuales, que supuestamente los llevaría a aprender a enseñar ciencias a niños de 5 a 9 años. Escribían su hipótesis, llevaban a cabo sus muy sencillas investigaciones y discutían sus resultados. 

Aprender a cómo aprendemos y cómo aprenden los estudiantes no estaba dentro de los esquemas del profesor o sus capacidades para hacerlo; demasiado preocupado con el control de procedimientos y conceptos no le permitían aprovechar las posibilidades que ofrece la investigación con estudiantes de pedagogía y la edad de primaria, en un entorno que fue diseñado, creado con el propósito de explorar y conocer la pedagogía más allá del trillado modelo científico. Con razón le cambió hasta el nombre. Qué tipo! Peor todavía, que después de haber yo estado trabajando con Lillian Weber por casi dos décadas, y luego ser "expulsado" -junto a otras dos profesoras boricuas a quienes también les negaron el uso del Centro-, mis compañeros (aparte de una profesora puertorriqueña) los otros bilingües latinos no me apoyaran. "That is right!" Traicionaron los principios fundamentales del Centro; y ahora, y que piensan conmemorar y honrar a la gran educadora. 

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