Wednesday, March 23, 2016

CCNY: El WORKSHOP CENTER Y LAS MUCHAS VOCES

Son tantas las voces que te hablan, y es preferible caminarlas a lo Palés Matos, quien a pie iba desde San Juan a Rio Piedras, y que les decía: "déjenme tranquilo, no quiero hablar con nadie", escribió alguien en una biografía; el gran poeta de las calles y modos antillanos, cuando era abrumado por las voces, las caminaba para tranquilizarlas; y es preferible darles un paseo a pegarles un tiro como hizo Hemingway, o meterlas con la cabeza en un horno, ¿la recuerdan?, la Plath, o ahogarlas en las aguas de Rockaway Beach en Brooklyn, o neutralizarlas con las pastillas de moda, o dejar la escuela porque la muy diligente y metódica profesora de literatura no entendía que las voces del joven escritor lo arropaban, y ella, tan enciclopédica, amargaba al joven, preocupada por la comita aquí o la comita allá, y el joven creador no se tranquilizaba hasta que llegaba al Workshop Center, donde encontraba refugio junto al otro profesor que no andaba detrás de comitas aquí y comitas allá, aquel quien también oía muchas voces, y juntos las callaban, las tranquilizaban, las pintaban, las oían: las de ambos. Antes que ahogar las voces, el Centro permitia conocer sus furias, expresarlas, pintarlas en las libretas que doña Lillian Weber disponía para que todos los que por alli pasaran, encontrasen sus voces, y las dejasen hablar con otras voces. Que allí en el Workshop Center era preferible tranquilizar las voces a matarlas. 

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