Thursday, April 2, 2015

17. Esperas. Montevideo a Punta: la versión de un bolero en voz de la Tellado

Doce de la noche y no llega, "me hará lo mismo que ayer/ espera...", otro bolero, otra espera por un amante, una idea sobre lo qué podría pasar, lo que estaba ocurriendo, lo que se puede contar, lo que se desea, "Cariño mío, no sufras tanto, ya estoy aquí" había sido dicho antes. Se repetía.

Un bolero nunca acaba, unas sirenas de ambulancias en camino a Punta, un grito de dolor o de placer, una sonrisa, una lágrima se entretejen mientras el autor, los boleristas y sus protagonistas junto a la Tellado reconstruyen lo deseado, sus pasados o lo que puede ser, reflejados en un caledeiscopio que proyecta estados de puro éxtasis o desasosiego, "Ya no la quiero ni ver",

Un bolero pone en perspectiva los sentimientos, provee compañía, sirve de espejo, reconstruye el andamio de lo deseado, lo desmantela,  y permite recorrer el camino de quienes ocupan múltiples espacios, el suyo y el de los otros, aguardando por una resolución, un desenlace, una idea sobre el amor, cómo expresarlo.

En el bolero "Ya Son las Doce", el compositor, autor, cantante y el amante ausente bailan en conjunto, y a la misma vez cada uno baila por su lado. Desde las primeras dos estrofas, "Ya son las doce y no llega/ Me hará lo mismo que ayer", la espera por el ser amado, la historia de la relación entre todos los personajes, particularmente la desesperación del que espera es relatada; y a su vez, le otorga presencia al objeto del deseo, por quién se espera, lo personifica.

Es la conjugación de voces lo que convierte al autor, el cantante, los amantes en arquitectos de un Gestalt amoroso, y una vez completado el bolero, éste permite volver cual tango con la frente marchita sobre el pasado, fragmentar lo vivido, entenderlo,  trascender el dolor o el placer.

El bolero en su conjunto se habla a sí mismo, recrea lo posible, "pero de pronto siento un ruido y me despierto/ se abre la puerta y llega mi querer", y arma todo lo que quisiera vivir más allá de la novela tellediana: "no sufras tanto ya estoy aquí", transformándose en las múltiples voces que ocupan una historia, "no me regañes cierra los ojos y duerme feliz".

Un bolero va de eros al verbo


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