Tuesday, May 14, 2019

JABIBONUCO: 2. EL ILDÉ

 "Orula era el babalawo más famoso de su comarca, y el rey lo mandó a buscar. Orula se negaba, se negaba, se negaba a ir. Hasta que un día Oshún se ofreció para ir a buscarlo. Se apareció de visita en la casa del babalawo, y como de conversación en conversación se le hizo tarde, le pidió que la dejara dormir en su cama aquella noche.  Oshún se despertó muy temprano y puso el ékuele y el iyefá en su pañuelo. Cuando el babalawo se despertó, Oshún le anunció que ya se tenía que marchar. Orula se había prendado de la hermosa mulata y consintió en acompañarla un trecho del camino.”

Culipandeando sus enormes caderas, la señora, con celular en mano, desde el muelle en Santo Tomás, Islas Vírgenes de los USA, esperaba que la viniesen a recoger unos parientes, residentes en la hoy nada virginal isla, y relataba los ir y venir de su viaje por el Caribe antes de llegar a este puerto. 

Para esta señora y su familia de viajeros no hay tours programados. Tienen familia en las islas, miembros de las diásporas que se desplazan o son desplazados por todo el mar de las Antillas, y aprovechan las paradas en las islas para visitarlos, pasar un día con ellos, y seguir camino.

“Orula caminaba y conversaba con la seductora mulata, hasta que llegaron a un río, el el babalawo le dijo que no podía continuar,  ya que para cruzar debía consultar con el ékuele para saber si debía hacerlo o no. Ahí fue cuando Oshún le enseñó lo que había traído en el pañuelo y Orula quedó se convenció, y siguió a la diosa, cruzó el río y llegó  donde el rey, que desde hacía mucho estaba preocupado por las actividades de sus enemigos políticos, quería preguntar si habría guerra o no en su país, y en caso de haberla, quién sería el vencedor y cómo podría identificar a los que le eran leales. Orula tiró el ékuele y le dijo al rey que debía ofrendar dos eyelé y oú. Luego de limpiar al rey con las palomas, regó el algodón en pequeños pedazos. Orula, entonces le dijo al rey que no tendría problemas, que saldría victorioso de la guerra civil que se avecinaba. Luego le dijo que se fijara en todos sus súbditos, y que  aquellos que tenían algodón en la cabeza le eran fieles. De esta manera Obegueño, que así se llamaba el rey, gobernó en aquel país hasta el día de su muerte."

Las olas que la muy voluptuosa rubia señora nórdica causó cuando se metió en la piscina llegaron hasta la endilgada quinceañera y bañaron la cola del blanco y rebuscado traje. Las tres de la tarde no es la hora más indicada para tomar fotos en el área de las piscinas, pero cómo le tocaba cenar en el turno de las seis, programado de antemano, fue las tres la hora que le asignaron para las fotos al grupo de boricuas que celebraba el cumpleaños de la nena.

"Avistamos la inmensa bahía - la que una vez fue ruta comercial y frontera de los arahuacos y la última isla visitada por Madame K’lalud - el quinto día del Señor, un diecinueve de octubre del corriente año, después de la enorme goleta haber navegado unas cuantas leguas, y zarpado del puerto de la Martinica."

El crucero hace paradas en Saint Domingue, San Tomás, Santa Cruz, San Bartolomé, Trinidad, Curazao, Puerto Rico, Roatán; islas que siempre andan reinventando, descubriendo sus identidades; islas llenas de espíritus, los que hace siglos fueron asesinados: memorias de cientos de miles de arahuacos, africanos, mestizos, eunucos y de Madame K'lalud.

“Madame K’lalud abandonó el liberado Haití, protegida por los oroshas y orientada por su babalawo, en una yola que la llevó hasta una pequeña goleta de carga, y en la misma viajó escondida entre los esclavos, especies y todo tipo de mercancía que la goleta transportaba y comercializaba, contrabandos, entre la Luisiana y las islas. Cerca de la isla de San Juan de Puerto Rico, Madame K’lalud desembarcó tarde en la noche, y en nuevas yolas fue recogida por cimarrones y otros aliados anti-esclavistas.” 

Los fragmentos que conforman la historia, sus historias, sus gentes, se encuentran en un sincretismo antillano, con ritos y creencias que trascienden sus orígenes: algo de cristianismo, algo de dioses yorubas, algo de espíritus arahuacos, eunucos y palos santos.

"Orula apostó con Olofin a que el maíz tostado daba frutos. Olofin estaba seguro de que era imposible que el maíz tostado germinara, aceptó la apuesta muy seguro de que iba a ganar. Orula llamó a Eleguá y a Shangó y se puso de acuerdo con ellos para ganarle la apuesta a Olofin. Orula acudió con un saco de maíz tostado y lo sembró. Por la noche Shangó hizo que el cielo tronara y ayudado por la luz de los relámpagos, Eleguá cambió todos los granos, puso otros en perfecto estado. Después de unos cuantos días, una mañana Olofin le dijo a Orula que irían a ver si el maíz tostado había germinado. Olofin, cuando vio que los granos que Eleguá había sembrado comenzaban a germinar,  el pagó la apuesta a Orula, quien luego, la compartió con Shangó y Eleguá."

La trigueña familia, vestida a la usanza de grand ball en country club norteamericano, lucía algo incómoda, fuera de sitio. El vapor y la humedad de la tarde, el bochorno caribeño, rizaron los estirados pelos y derritieron las blancuzcas máscaras que servían de maquillaje a las enjoyadas señoras de traje largo. El color de su piel, sus acentos criollos y el despojo espiritual que un miembro del séquito hizo bien temprano en la mañana: alzó el medallón,  una versión moderna del guanín, que le cuelga sobre su cuerpo,  lo suelta, mueve las manos y brazos hacia fuera, los eleva, los mueve sobre la cabeza hasta apuntar hacia el cielo para limpiar el cuerpo de malos espíritus. Un despojo antes de salir a cenar, los distinguía de los pasajeros europeos y norteamericanos.

"Madame K’lalud, hija de Tembandumba, estaba al tanto que en la última y fiel colonia española, una de las cédulas de gracia emitidas por las cortes de Cádiz permitía que todo esclavo que escapara podía asentarse en unos de los mangles designados para los que, aunque libertos, trabajaran en la plantaciones de caña de azúcar."

No eran fiestas de cumpleaños ni jugar en los casinos lo que llevó a Fe, Esperanza y Caridad, tres cubanas tras un palo santo, a viajar por las distintas islas en busca de una dirección espiritual, hasta que los hombres y mujeres que conversan en otras lenguas las cambiaron de rumbo.. 

Los dogmas enmarcan. Los palos santos aclaran. Los bohiques, babalawos, santiguadores dirigen.

Fe, Esperanza y Caridad llegan hasta San Juan de Puerto Rico y caminan por la Calle Loíza, al mando de sus tacos, en busca de Altagracia, oriunda de otro San Juan, el de la Maguana en la República Dominicana, donde un palo santo las dirigió hacia Altagracia, quien tiene dones, cura males, espanta los malignos y atrae seres de luz. En su patio tiene una ceiba que ilumina los caminos.

"El pueblo le deseaba la muerte Orula, pero como Orula, que es adivino, vio la suerte en el tablero con sus dieciséis nueces y decidió que tenía que hacer una ceremonia de rogación con un ñame, y con los pelos de la vianda, untarse la cara. Ikú vino por primera vez buscando a Orula y él mismo le dijo que allí no vivía ningún Orula. La Muerte se fue. Ikú estuvo averiguando y pudo darse cuenta de que Orula lo había engañado.  Ikú regresó. Orula la vio regresar y la invitó a comer, le sirvió una gran cena con mucha bebida. Como comió y bebió tanto, Ikú se quedó dormida. Y ahí Orula se aprovechó y le robo la mandarria con que Ikú mataba a la gente. Cuando se despertó, Ikú se dio cuenta que le faltaba la mandarria. Ya que sin este instrumento Iku no era nadie, Orula le dijo que se la devolvería si prometía que no mataría a ninguno de sus hijos, a menos que él lo autorizara. Es por eso que la Muerte se cuida mucho de llevarse al que tiene puesto un ildé de Orula."

El medallón que el guía de los turistas tiene colgado en el cuello está hecho de plástico,  es una copia de los guanín que usaban los bohiques en los pueblos araguacus. En la isla de Dominica, el descendiente de los Caribes lleva a los viajeros del crucero, después de pasar por las comunidades de afro-dominicos y zonas urbanas, hasta su territorio en las montañas. Su identidad marcada por la historia estaba más fija en su físico, que en su cultura. Hablan inglés y criollo. ¿Hasta cuánto atrás en el tiempo pueden llegar si el idioma que recoge las vidas de todos los días es el de otro?

Puede que sea Yaya, más allá de las lenguas, quien los mantenga atados. Puede que sea Atabey quien les provee la tierra y sus alimentos. Puede que los collares de camándulas que cuelgan de sus cuellos hayan llegado con sus vecinos, los que una vez también cruzaron estos mares, este mar, para terminar enredados con ellos, con otros, con los palos santos. Puede que haya sido Madame K'lalud.

"En la islas de Barlovento, Madame K'lalud se une a los guerreros garífunas y participa en las batallas contra los colonizadores ingleses. Pierden la guerra, pero no su dignidad, su orgullo, y no se dejan someter. En el trayecto del destierro que sufren los garífunas, forzados a vivir en las costas de Centro América, pierden contacto físico con la hija de Tembandumba, pero no con el 'calabó y bambú, bambú y calabó' que ella cantaba. Tampoco perdieron contacto con lo que ellos le entregaron para que lo protegiera, los protegiera, la protegiera: el guanín de sus antepasados caribes."

Fe, Esperanza y Caridad forman un círculo de oración, alrededor del sagrado árbol; reducen los mundos a su núcleo: el Caribe y sus ceibas, mar de todos nosotros, árbol genético, árbol que las pone a bailar, a tirarse al piso, a hablar lenguas, a estar en el presente, pasado y futuro a la misma vez.

No hace tanto que partimos de otro puerto, otra isla, todos los que en viaje al Caribe, atraídos por el deslumbre, la extravagancia que los cruceros sugieren: cromo, laminados, brillo en las paredes, escaleras, cuartos, salones, cafeterías, salas, techos y pasillos buscan vivir otras vidas, revivir anteriores, encontrar las nuevas.

Otros buscan alejarse de la rutina para terminar convirtiendo su viaje en nuevas rutinas: leen en las terrazas, se levantan y acuestan temprano, asisten a los programas culturales que el crucero ofrece, juegan en el casino. Los menos quieren llegar de un punto a otro: de Nueva York a San Juan, de San Juan a Dominica, de Dominica a Roatán, y luego seguir camino. Y hay quienes solo desean abandonar sus espacios, tanto los físicos como los existenciales; a ver lo que encuentran en la marcha, sin importar tanto su destino como haberse alejado y encontrar nuevas rutas.
  
"A las seis horas llegamos aquí a la isla. A ver la isla; que si las otras ya vistas son muy hermosas y verdes y fértiles, ésta es mucho más y de grandes arboledos y muy verdes. Aquí es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en maravilla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las hierbas como el abril en Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se quería partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas que es una maravilla. Y después hay árboles de mil maneras y todos dan de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más penado del mundo de no los conocer porque soy bien cierto que todos son cosa de valía y de ellos traigo la demuestra, y asimismo de las hierbas."

En el crucero los amantes clandestinos no se conocieron en los distintos bares con pistas de baile que ofrece el inmenso barco. No fueron a practicar los pasos aprendidos en Arthur Murray, al estilo de la pareja de jubilados, quienes todas las tardes bailan guiados por pasos geométricos, programados, movimientos rápidos de caras, brazos, manos, de izquierda a derecha.

"Andando así en cerco de una de estas lagunas, vi una sierpe, la cual matamos. Ella como nos vio se echó en la laguna, nos le seguimos dentro, porque no era muy honda, hasta que con lanzas la matamos; es de siete palmos en largo; creo que de estas semejantes hay aquí en estas lagunas muchas. Después se llegaron a nos unos hombres de ellos, y uno se llegó aquí. Yo di unos cascabeles y unas cuentecillas de vidrio y quedo muy contento y muy alegre; y porque la amistad creciese más y los requiriese algo, le hice pedir agua."

En el preciso momento en que dan la vuelta, la pareja estira los brazos hacia afuera, arriba, abajo, y los vuelven a subir para anunciar otro movimiento, un nuevo ángulo. Su meta, bailar por mares y barcos; bailar en cualquier lado, practicar los pasos de “ballroom dance” con su lenguaje programado, numerado,

"Estaban todos desnudos y en parejas abrazándose unos a otros como si fuesen mujer e hombre en mandato cristiano. que después de bien mirado todo lo que aquí he dicho, que no es toda burla lo que escribo acerca de lo acaecido en la ysla de los Caribes donde iban a vivir los eunucos y sus aparejados, torne a proseguir mi relación, porque la verdadera política y agraciado componer es decir verdad en lo que he escrito. La Goleta que nos seguía entró por otra bahia, tomándonos de sorpresa, y matando a todos los hombres que alli se encontraban, y bajo los ruegos de mi persona, explicándole quien era nuestro mas fiel sirviente e inocente creyente, el Capitán don Felipe de Torres i Rivera  le perdonó la vida a Jabibonuco quien lloraba desonsoladamente al ver que su mas querida pareja, don Diego de Sotomayor era quemado en una hoguera junto a los demás hombres que aquella isla poblaban.”

En el trayecto, junto a las piscinas y bares al aire libre, el hombre que se acerca a otro, lo saluda con cordialidad y le pregunta si se siente mejor hoy día, anda buscando entablar conversación, mitigar la soledad o reafirmar lo prometido la noche anterior. El abordado, asombrado, responde que sí, con frialdad, luego calla y casi obliga al otro a despedirse. Quien responde, el abordado, se vira y con cara de sorprendido, molesto, le dice a una mujer, su esposa, quizás, que no sabe quién es esa persona.

"Madame K'lalud siguió camino, otras islas, otros lenguajes, otras plantaciones, más al sur. el mismo propósito. No pensaba cortar caña. Sus intenciones eran otras.”

Puede que los dos hombres se hayan conocido anoche en uno de los menos frecuentados bares del crucero, donde llegan los que buscan sus iguales o aquellos que esconden sus amores, sus deseos, el lado de su vida que los asusta, que a veces niegan; huyen a otros lugares, viven vidas clandestinas.

“Relaçion general que este fiel servidor Marques de Bobadilla hago para le ynformar a nuestro representante en la tierra el Obispo de la isla de Saint Joan y a los señores de su rreal consejo de yndias de las cosas subçedidas e la da ysla de los Caribes dende que por el mandato partia conocer y atestigua las sobre como vivian los indios en pareja con los hombres cristianos della tan diabolica isla ”



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